Presentación

The Elder Scrolls: Arena establece las primeras bases de una serie construida alrededor de Tamriel y de la libertad que se concede al jugador dentro de un vasto universo de fantasía. The Elder Scrolls II: Daggerfall lleva esta ambición mucho más lejos al conceder una importancia considerable a la exploración, las ciudades, las mazmorras, las facciones y las numerosas posibilidades de desarrollo del personaje.

The Elder Scrolls III: Morrowind concentra después la aventura en Vvardenfell y afirma una identidad mucho más singular, marcada por sus paisajes volcánicos, sus Grandes Casas y sus culturas locales. The Elder Scrolls IV: Oblivion traslada el viaje a Cyrodiil y continúa abriendo la fórmula con un mundo más accesible de forma inmediata, donde la misión principal convive con los gremios, la exploración y multitud de historias secundarias.

The Elder Scrolls V: Skyrim conduce finalmente la serie hacia las tierras nórdicas de Skyrim y refuerza aún más la idea de un mundo en el que el jugador puede elegir en gran medida su propio recorrido. A lo largo de las cinco entregas, la tecnología, la escala y los sistemas evolucionan profundamente, pero permanece una misma lógica: entrar en un territorio desconocido, construir progresivamente al personaje y dejar que los encuentros, los lugares y las misiones modifiquen la dirección de la aventura.