Las 22 reglas de narración de Pixar
Crear una historia memorable no consiste únicamente en imaginar un universo original, un personaje cautivador o una sucesión de escenas espectaculares. Una historia funciona cuando sus personajes persiguen algo, se enfrentan a obstáculos, toman decisiones y nos dan una razón para preocuparnos por lo que les ocurre.
Eso es precisamente lo que nos recuerdan las célebres «22 reglas de narración de Pixar».
Estos consejos comenzaron a ser compartidos en 2011 por Emma Coats, que entonces trabajaba como artista de storyboard en Pixar. Reunían distintas lecciones que había aprendido durante su trabajo con las historias, tanto en Pixar como en otros lugares. La lista se difundió posteriormente por Internet bajo el nombre de «Pixar’s 22 Rules of Storytelling».
Sin embargo, es importante introducir un matiz: no se trata de un reglamento oficial aplicado mecánicamente por todos los guionistas del estudio. La propia Emma Coats explicó posteriormente que debería haberlas llamado «guidelines», es decir, directrices, en lugar de reglas.
Aun así, estos principios siguen siendo una excelente caja de herramientas creativa. Permiten cuestionar una historia, reforzar sus personajes, aclarar lo que está en juego y encontrar una salida cuando el proceso creativo se bloquea.
A continuación presentamos las 22 reglas, acompañadas de una explicación y de una forma concreta de aplicarlas.
1. Admiramos a un personaje por sus esfuerzos, no solo por sus logros
Un personaje no necesita ganar constantemente para mantener el interés del público. Lo más importante es que lo intente, resista, aprenda y siga adelante a pesar de las dificultades.
Un héroe invencible se vuelve rápidamente previsible. En cambio, un personaje que fracasa pero se niega a rendirse revela su determinación, sus valores y sus límites.
Por tanto, el público no se encariña únicamente con la victoria final. También se encariña con el precio que el personaje ha tenido que pagar para alcanzarla.
Cómo aplicarla
Pregúntate:
- ¿Qué intenta conseguir realmente tu personaje?
- ¿Qué arriesga al continuar?
- ¿Qué revela su manera de fracasar?
- ¿Por qué decide volver a intentarlo a pesar de todo?
El esfuerzo hace que el personaje resulte humano. La victoria solo se vuelve satisfactoria después de haber parecido difícil o incluso imposible.
2. Piensa en lo que interesa al público
Lo que divierte al autor durante la escritura no siempre es lo que interesará al lector o al espectador.
Una descripción extensa puede resultar apasionante de escribir porque desarrolla el universo. Una escena secundaria puede ser agradable porque contiene diálogos divertidos. Sin embargo, si estos elementos no hacen avanzar la historia, pueden ralentizar el relato.
Esta regla no invita a seguir ciegamente las expectativas del público. Simplemente recuerda que una obra es una experiencia destinada a ser recibida por otras personas.
Cómo aplicarla
Para cada escena, plantea tres preguntas:
- ¿Qué aprende el público?
- ¿Qué siente?
- ¿Qué pregunta le hace querer continuar?
Una escena puede ser lenta, contemplativa o misteriosa. Aun así, debe producir un efecto intencionado.
3. El verdadero tema suele aparecer al final
Un autor puede comenzar con una idea precisa sobre el tema de su historia: el duelo, la libertad, la familia, la ambición, la soledad o el miedo al fracaso.
Pero el proceso de escritura suele transformar esa intención inicial.
Las decisiones de los personajes, las escenas improvisadas y los conflictos descubiertos durante el camino pueden revelar que la historia trata en realidad de otra cosa.
El tema no es únicamente aquello que el autor quería expresar. También es aquello que el relato termina demostrando.
Cómo aplicarla
Termina una primera versión y después pregúntate:
- ¿Qué transformación domina realmente la historia?
- ¿Qué decisión final resume el recorrido del personaje?
- ¿Qué idea aparece espontáneamente en varias escenas?
- ¿Qué parece decir la historia, aunque no lo hubieras planeado?
Una vez encontrada la respuesta, la reescritura permite reforzar ese tema desde el comienzo.
4. Utiliza una estructura narrativa sencilla
Emma Coats propuso una fórmula que se ha vuelto célebre:
Érase una vez… Todos los días… Un día… A causa de eso… A causa de eso… Hasta que finalmente…
Esta estructura puede parecer elemental, pero obliga al autor a identificar las articulaciones esenciales del relato.
- Érase una vez presenta al personaje y su mundo.
- Todos los días establece la rutina.
- Un día introduce el incidente desencadenante.
- A causa de eso construye las consecuencias.
- Finalmente conduce a la resolución.
El valor de esta fórmula no reside en su rigidez, sino en la relación de causa y efecto que impone.
Una buena historia no es simplemente una sucesión de acontecimientos. Cada acontecimiento debe provocar el siguiente.
Ejemplo
Érase una vez una cartógrafa incapaz de abandonar su pueblo.
Todos los días dibujaba países que nunca había visitado.
Un día apareció una isla desconocida en uno de sus mapas.
A causa de eso, fue acusada de falsificar los archivos reales.
A causa de eso, tuvo que partir en busca de la isla para demostrar su inocencia.
Hasta que finalmente descubrió que la isla solo existía para quienes tenían miedo de buscarla.
En unas pocas frases, el relato ya posee un personaje, un deseo, un conflicto y una dirección.
5. Simplifica, concentra y fusiona
Cuando una historia no funciona, la reacción habitual consiste en añadir otra trama, otro personaje, una explicación o un giro adicional.
Sin embargo, la solución suele encontrarse en la eliminación.
Dos personajes secundarios pueden fusionarse. Varias etapas pueden condensarse. Una trama paralela puede desaparecer si desvía la atención del conflicto principal.
Simplificar no significa empobrecer. Significa hacer que cada elemento restante sea más importante.
Cómo aplicarla
Busca:
- personajes que cumplan la misma función;
- escenas que transmitan la misma información;
- desvíos que no produzcan consecuencias;
- explicaciones que podrían sustituirse por acciones;
- ideas interesantes que quizá pertenezcan a otra historia.
Una historia concentrada deja más espacio para la emoción.
6. Enfrenta al personaje con su opuesto
Identifica aquello en lo que tu personaje es competente, se siente cómodo o está protegido. Después, colócalo en una situación en la que esa fortaleza ya no sea suficiente.
Un personaje solitario puede verse obligado a dirigir un grupo. Un negociador habilidoso puede encontrarse con alguien que se niega a dialogar. Una persona racional puede tener que actuar sin pruebas. Un guerrero puede enfrentarse a un problema que ninguna forma de violencia puede resolver.
El conflicto se vuelve interesante cuando ataca la manera habitual en la que el personaje se enfrenta al mundo.
Cómo aplicarla
Completa esta frase:
Mi personaje suele resolver sus problemas utilizando __, pero esta vez ese método fracasa porque ____.
Así obtendrás un desafío capaz de provocar una verdadera evolución.
7. Encuentra el final antes de construir el desarrollo
Los comienzos son seductores. Contienen promesas, un universo todavía abierto y posibilidades casi infinitas.
Los finales son más difíciles. Deben resolver el conflicto, cumplir o desviar las expectativas y dar sentido al recorrido.
Conocer el destino permite preparar las pistas, las transformaciones y las decisiones que harán que el desenlace resulte creíble.
El final puede evolucionar naturalmente durante la escritura. Lo esencial es disponer de una dirección.
Cómo aplicarla
Antes de desarrollar todas las peripecias, determina:
- la decisión final del personaje;
- lo que gana;
- lo que pierde;
- lo que comprende;
- la imagen o sensación con la que termina la historia.
El desarrollo se convierte entonces en el camino necesario para hacer que esa conclusión parezca inevitable sin resultar previsible.
8. Termina la historia, aunque no sea perfecta
Una historia inacabada no puede evaluarse realmente.
Mientras el autor siga trabajando en las primeras escenas, puede conservar la ilusión de que el relato llegará a ser perfecto. Terminarlo obliga, por el contrario, a contemplar el conjunto: sus incoherencias, sus partes lentas, sus oportunidades desaprovechadas y también sus cualidades inesperadas.
La primera versión no necesita ser brillante. Necesita existir.
Cómo aplicarla
Separa claramente dos etapas:
- Terminar la historia, sin corregir cada detalle.
- Mejorar la historia, una vez que su estructura completa sea visible.
El perfeccionismo prematuro suele ser una forma elegante de procrastinación.
9. Haz una lista de lo que no debería ocurrir
Cuando un autor se bloquea, suele buscar directamente la idea correcta. Esta búsqueda puede aumentar la presión y hacer que todas las propuestas parezcan insuficientes.
Emma Coats sugiere abordar el problema desde la dirección contraria: escribir todo lo que no debería suceder a continuación.
Esta lista elimina las soluciones evidentes, absurdas o incoherentes. Pero también puede revelar una posibilidad inesperada.
Cómo aplicarla
Escribe rápidamente diez malas continuaciones posibles:
- el héroe abandona;
- un desconocido lo resuelve todo;
- el problema desaparece;
- el personaje descubre repentinamente un poder;
- el antagonista cambia de opinión sin motivo.
Después observa por qué esas soluciones no funcionan. La respuesta suele contener aquello que la historia necesita realmente.
10. Deconstruye las historias que amas
Nuestros gustos no son arbitrarios. Revelan las emociones, estructuras, personajes y temas ante los que somos más sensibles.
Analizar una obra que amas no significa copiarla. Significa comprender los mecanismos que producen su efecto.
Quizá te gusten las historias de reconciliación, los grupos disfuncionales, los mundos cotidianos atravesados por una anomalía o los héroes obligados a renunciar a su objetivo inicial.
Reconocer estos patrones permite transformarlos conscientemente.
Cómo aplicarla
Elige tres obras que te gusten y anota para cada una:
- el tipo de protagonista;
- el conflicto central;
- la emoción dominante;
- la naturaleza del final;
- la escena que más recuerdas;
- la razón por la que esa escena funciona.
Los puntos en común entre tus respuestas forman parte de tu identidad creativa.
11. Pon la historia por escrito
Una idea conservada en la mente sigue siendo flexible, perfecta y protegida de las contradicciones.
En cuanto se escribe, sus defectos se vuelven visibles. Eso es precisamente lo que permite trabajar sobre ellos.
Escribir no sirve únicamente para registrar una historia que ya ha sido diseñada. También sirve para pensar, probar, descubrir y corregir.
Cómo aplicarla
Convierte la idea en algo concreto, aunque sea imperfecto:
- una sinopsis de una página;
- una cronología;
- una lista de escenas;
- un diálogo;
- un mapa mental;
- un primer capítulo torpe.
Una mala página puede corregirse. Una página inexistente no.
12. Elimina las primeras ideas evidentes
La primera idea suele ser lógica. También suele ser la misma que habría encontrado gran parte del público.
No es necesario rechazarla porque sea mala, sino porque merece competir con otras posibilidades.
Al superar las primeras respuestas, el autor explora asociaciones menos inmediatas y descubre soluciones más personales.
Cómo aplicarla
Para un personaje, un lugar, un conflicto o una revelación, produce al menos cinco posibilidades.
No elijas inmediatamente. Compáralas según tres criterios:
- ¿Cuál produce más consecuencias?
- ¿Cuál revela mejor al personaje?
- ¿Cuál parece pertenecer únicamente a esta historia?
La originalidad no siempre surge de una idea nunca vista. Con frecuencia nace de una combinación menos evidente.
13. Da opiniones a tus personajes
Un personaje sin opiniones espera a que la trama decida por él.
Puede ser agradable, educado o simpático, pero carece de fuerza dramática. Los personajes memorables interpretan el mundo. Juzgan, desean, rechazan, se equivocan y defienden sus convicciones.
Una opinión crea naturalmente decisiones y conflictos.
Cómo aplicarla
Determina lo que tu personaje piensa sobre:
- el amor;
- el éxito;
- la autoridad;
- la familia;
- la verdad;
- el miedo;
- su propio valor.
Estas opiniones no necesitan ser correctas. Deben influir en sus acciones.
Un personaje activo no se limita a soportar la historia: contribuye a provocarla.
14. Identifica la convicción que alimenta la historia
¿Por qué debes contar tú esta historia?
La respuesta no necesita ser grandiosa. Puede nacer de una rabia, un miedo, una fascinación, un recuerdo o una pregunta que todavía no sabes responder.
Esta convicción interior proporciona energía al relato.
Una premisa puede ser espectacular y, aun así, permanecer vacía. Por el contrario, una situación sencilla puede volverse poderosa cuando contiene una necesidad personal.
Cómo aplicarla
Completa esta frase sin buscar una formulación perfecta:
Quiero contar esta historia porque…
Después profundiza:
Lo que me niego a aceptar es… Lo que me gustaría comprender es… Lo que quiero que el público sienta es…
El corazón de la historia suele encontrarse en estas respuestas.
15. Busca la honestidad emocional
Una historia puede contener robots, monstruos, mundos imaginarios o fenómenos imposibles. Sus emociones deben seguir siendo creíbles.
Pregúntate cómo reaccionarías realmente en la situación del personaje.
Quizá no actuarías con valentía de inmediato. Podrías negar el problema, buscar una excusa, comportarte de manera torpe o pensar primero en un detalle insignificante.
Estas reacciones imperfectas aportan verdad a la ficción.
Cómo aplicarla
En cada momento importante, distingue entre:
- lo que el personaje muestra;
- lo que siente;
- lo que se niega a admitir;
- lo que le gustaría hacer;
- lo que hace realmente.
La distancia entre estos elementos crea profundidad.
16. Haz visibles los riesgos y las consecuencias
¿Por qué debería el público querer que el personaje tenga éxito?
Lo que está en juego responde a esta pregunta. Muestra qué se perderá si el personaje fracasa.
Una amenaza abstracta no siempre es suficiente. «Salvar el mundo» puede resultar menos emocionante que proteger una relación, cumplir una promesa o evitar convertirse en la persona que uno teme ser.
Los riesgos más poderosos suelen combinar varias dimensiones:
- externas, relacionadas con la situación;
- personales, relacionadas con el deseo;
- emocionales, relacionadas con la identidad del personaje.
Cómo aplicarla
Completa estas frases:
Si el personaje fracasa, perderá __. Pero, sobre todo, ese fracaso le demostrará que ____.
La segunda respuesta suele revelar lo que verdaderamente está en juego.
17. Ningún trabajo se pierde por completo
Algunas escenas, ideas o versiones deben abandonarse. Eso no significa que el trabajo realizado haya sido inútil.
Una trama eliminada puede convertirse en una nueva historia. Un personaje secundario puede regresar bajo otra forma. Una escena fallida puede haber ayudado a comprender el tono o las motivaciones del protagonista.
Crear implica producir una gran cantidad de material invisible.
Cómo aplicarla
Conserva un documento separado para:
- las escenas eliminadas;
- los personajes abandonados;
- los diálogos no utilizados;
- los conceptos visuales;
- las premisas no desarrolladas.
Sin embargo, no mantengas un elemento en la historia únicamente porque haya requerido mucho trabajo. Su valor pasado no garantiza su utilidad presente.
18. Aprende a reconocer el exceso de detalles
Hacerlo lo mejor posible no significa perfeccionar cada elemento con la misma intensidad.
Un autor puede pasar días desarrollando la historia de un edificio, una cronología secundaria o el funcionamiento preciso de una tecnología que solo aparecerá durante unos segundos.
Este trabajo puede enriquecer el universo. También puede convertirse en una forma de evitar las decisiones difíciles relacionadas con los personajes y la trama.
Una historia es una experiencia, no una enciclopedia.
Cómo aplicarla
Para cada detalle, pregúntate:
- ¿Influye en una decisión?
- ¿Modifica una emoción?
- ¿Prepara un acontecimiento?
- ¿Ayuda al público a comprender la escena?
- ¿Será realmente perceptible?
El mundo debe sostener la historia, no enterrarla.
19. Utiliza las coincidencias con prudencia
Una coincidencia puede desencadenar una catástrofe. Puede colocar al personaje en el lugar equivocado, revelar información peligrosa o provocar un encuentro inesperado.
Pero cuando una coincidencia resuelve el problema, el público puede sentir que la historia hace trampa.
La diferencia reside en la responsabilidad del personaje.
Una complicación accidental obliga al héroe a actuar. Una solución accidental evita que tenga que hacerlo.
Cómo aplicarla
Las coincidencias son eficaces cuando:
- empeoran la situación;
- desencadenan la historia;
- fuerzan una decisión;
- revelan una debilidad.
Se vuelven frágiles cuando sustituyen la preparación, la inteligencia, el sacrificio o la evolución del personaje.
20. Repara una historia que no te gusta
Analizar una obra lograda enseña cómo funcionan determinadas soluciones. Reorganizar una obra que no te gusta enseña a identificar con precisión aquello que le falta.
En lugar de limitarte a afirmar que una película o una novela es mala, intenta reconstruirla.
Este enfoque transforma una reacción subjetiva en un ejercicio de escritura.
Cómo aplicarla
Elige una obra decepcionante y pregúntate:
- ¿Qué personaje debería ocupar el centro?
- ¿Qué conflicto merecería una mayor importancia?
- ¿Qué escena podría eliminarse?
- ¿Qué decisión haría que el héroe fuera más activo?
- ¿Qué final prolongaría lógicamente el tema?
El objetivo no es demostrar que podrías haberlo hecho mejor, sino entrenar tu capacidad para diagnosticar una estructura narrativa.
21. Comprende qué impulsa al personaje a actuar
Un personaje no debería realizar una acción únicamente porque parezca impresionante o porque la trama la necesite.
Debes comprender qué elemento de su experiencia, sus creencias o sus heridas emocionales lo lleva a actuar de esa manera.
La identificación no significa que el público deba aprobar al personaje. Significa que debe poder seguir la lógica emocional de sus decisiones.
Cómo aplicarla
Antes de una decisión importante, pregúntate:
- ¿Qué cree el personaje que es verdad?
- ¿Qué intenta proteger?
- ¿Qué miedo influye en su juicio?
- ¿Qué otra posibilidad se niega a aceptar?
- ¿Por qué esa decisión le parece razonable en ese momento?
Incluso una mala decisión resulta creíble cuando está correctamente motivada.
22. Encuentra la esencia de la historia
¿Cuál es la versión más sencilla y directa de tu relato?
Esta pregunta no te pide que elimines toda su riqueza. Busca el núcleo alrededor del cual debe organizarse todo lo demás.
Una historia compleja debería poder resumirse mediante una relación, una transformación o un conflicto fundamental.
Cómo aplicarla
Intenta presentar tu historia en una frase:
Esta es la historia de __, que debe _, pero ___.
Después busca una versión emocional:
Esta es la historia de una persona que cree __ y descubre ____.
La primera frase suele describir la trama. La segunda revela su esencia.
Cuando ambas están claras, los personajes secundarios, los lugares, las escenas y los giros pueden construirse alrededor de una base sólida.
Los grandes principios detrás de las 22 reglas
Aunque la lista aborda muchos aspectos de la escritura, se apoya principalmente en cinco ideas.
La acción revela al personaje
Un personaje se vuelve interesante mediante sus decisiones, sus intentos, sus errores y sus reacciones bajo presión.
Su biografía puede explicar quién es, pero la acción permite que el público lo compruebe.
El conflicto debe provocar una transformación
Un obstáculo no es simplemente una manera de retrasar el éxito del héroe. Debe desafiar sus certezas y hacer que sus antiguos métodos resulten insuficientes.
El conflicto exterior se vuelve poderoso cuando crea un conflicto interior.
La estructura se apoya en las consecuencias
Los acontecimientos no deben limitarse a sucederse. Deben provocarse entre sí.
El personaje actúa, su acción produce una consecuencia, esa consecuencia crea un nuevo problema y el nuevo problema exige una decisión más difícil.
La emoción debe seguir siendo honesta
El espectáculo atrae la atención, pero la emoción da sentido a lo que sucede.
Incluso en un universo imposible, el público debe reconocer el miedo, la esperanza, la vergüenza, el deseo, los celos o la necesidad de ser aceptado.
La escritura es un proceso de descubrimiento
Varias de estas reglas no se refieren tanto a la estructura final como a la manera de trabajar: terminar, reescribir, eliminar, conservar las ideas abandonadas y aceptar la imperfección.
El autor no siempre descubre su historia antes de escribirla. A menudo la descubre al escribirla.
Cómo utilizar estas reglas sin convertir la historia en una fórmula
Los 22 principios no deberían convertirse en una lista de control aplicada mecánicamente a cada relato.
No todas las historias necesitan un héroe admirable, una estructura convencional o una conclusión preparada hasta el más mínimo detalle. Algunos relatos se apoyan en la ambigüedad, la contemplación, la fragmentación o la ausencia deliberada de resolución.
Una regla narrativa se vuelve útil cuando ayuda a resolver un problema concreto.
Si tu personaje parece pasivo, revisa las reglas 6, 13 y 21.
Si la historia carece de tensión, utiliza las reglas 4, 16 y 19.
Si el relato parece demasiado complejo, vuelve a las reglas 5, 18 y 22.
Si estás bloqueado, prueba las reglas 9, 10, 12 y 20.
Si nunca consigues terminar, concéntrate en las reglas 7, 8, 11 y 17.
El objetivo no consiste en respetar simultáneamente las 22 reglas. Consiste en disponer de 22 preguntas capaces de revelar las debilidades de una historia.
Un método sencillo para poner a prueba tu historia
Puedes resumir todos estos consejos mediante diez preguntas:
- ¿Qué quiere el personaje?
- ¿Por qué ese deseo es realmente importante?
- ¿Qué corre el riesgo de perder?
- ¿Qué debilidad le impide avanzar?
- ¿Qué acontecimiento destruye su rutina?
- ¿Cómo empeoran la situación sus decisiones?
- ¿Por qué debería el público querer que tenga éxito?
- ¿Qué decisión difícil tendrá que tomar finalmente?
- ¿Cómo lo transforma esa decisión?
- ¿Qué idea esencial permanece en el público?
Cuando las respuestas siguen siendo vagas, probablemente la historia necesite desarrollarse más.
Cuando las respuestas son claras pero el relato continúa pareciendo débil, el problema puede encontrarse menos en la estructura que en la ejecución: escenas demasiado explicativas, diálogos artificiales, un ritmo irregular o emociones insuficientemente desarrolladas.
Conclusión
Las 22 reglas de narración popularizadas por Emma Coats no constituyen una fórmula secreta de Pixar ni una garantía de éxito.
Ofrecen algo más útil: un conjunto de reflejos creativos para cuestionar una historia mientras se está desarrollando.
Nos recuerdan que el público se encariña con los esfuerzos de un personaje, que los obstáculos deben provocar decisiones, que lo que está en juego da peso al conflicto y que la primera versión solo es el comienzo del trabajo.
Una historia no se vuelve memorable porque respete perfectamente una lista de principios. Se vuelve memorable cuando transforma una estructura en una experiencia humana.
Las reglas pueden ayudar a construir el camino. Pero son los personajes, las emociones y la convicción del autor quienes le dan alma.