¿Debemos seguir nuestra razón o confiar en la experiencia? ¿La felicidad consiste en dominar nuestros deseos, cultivar las virtudes o asumir nuestra libertad? ¿Existe el mundo independientemente de nuestra mente? Desde la Antigüedad, los filósofos no se han limitado a ofrecer respuestas diferentes a estas preguntas: han construido maneras distintas de pensar. Estoicismo, escepticismo, racionalismo, empirismo, idealismo, existencialismo o pragmatismo designan tradiciones intelectuales que han marcado profundamente la historia de las ideas. Comprender sus diferencias permite entender mejor los grandes debates filosóficos y descubrir por qué ninguna escuela ha resuelto definitivamente las preguntas fundamentales de la humanidad.
¿Por qué existen tantas corrientes filosóficas?
Imaginemos a dos personas que discuten sobre la libertad.
Para la primera, ser libre consiste principalmente en poder elegir sin sufrir restricciones exteriores.
Para la segunda, la libertad exige, ante todo, comprender las causas que orientan nuestros deseos y decisiones.
Una tercera persona podría responder que ninguna libertad auténtica es posible cuando las condiciones sociales impiden a determinados individuos desarrollar sus posibilidades de existencia.
Las tres utilizan la misma palabra, pero proponen interpretaciones diferentes.
Sus desacuerdos no se refieren simplemente a preferencias personales. Revelan concepciones distintas del ser humano, la responsabilidad y el mundo.
Precisamente ahí encontramos el origen de las grandes tradiciones filosóficas.
A lo largo de los siglos, diferentes pensadores han desarrollado conjuntos de conceptos, argumentos y métodos para responder a problemas fundamentales. Sus ideas han sido discutidas, transmitidas, criticadas y, en ocasiones, transformadas por generaciones sucesivas.
Algunas tradiciones se organizaron alrededor de verdaderas escuelas, con maestros, discípulos y lugares de enseñanza.
Otras se constituyeron progresivamente mediante obras y controversias, a veces sin que sus representantes se consideraran miembros de un movimiento común.
Una corriente filosófica no es, por tanto, una simple opinión compartida por varios autores. Corresponde a una manera relativamente identificable de plantear preguntas, construir razonamientos y comprender determinados aspectos de la realidad.
Sin embargo, esta definición sigue siendo flexible.
Un mismo filósofo puede pertenecer a varias tradiciones, alejarse de ellas a lo largo de su vida o desarrollar un pensamiento que se resista a las clasificaciones habituales.
Las corrientes son herramientas para comprender la historia de las ideas, no fronteras intelectuales infranqueables.
Corriente, escuela, método o teoría: ¿cuáles son las diferencias?
Estas expresiones suelen utilizarse como sinónimos. Sin embargo, no designan exactamente lo mismo.
| Término | Qué designa principalmente | Ejemplo |
|---|---|---|
| Escuela filosófica | Una comunidad intelectual históricamente identificable, organizada en ocasiones alrededor de una enseñanza o un fundador. | El Jardín de Epicuro, la escuela estoica. |
| Corriente filosófica | Una tradición de pensamiento que reúne a varios autores alrededor de problemas, ideas u orientaciones comunes. | El racionalismo, el existencialismo. |
| Método filosófico | Una manera de llevar a cabo la investigación, analizar los problemas y construir argumentos. | La fenomenología, determinadas formas de análisis conceptual. |
| Doctrina filosófica | Un conjunto de tesis relativamente definidas sobre una cuestión o un ámbito. | El dualismo cartesiano entre mente y cuerpo. |
| Teoría moral | Una concepción que permite comprender qué hace que una acción sea correcta o una conducta sea buena. | El utilitarismo, la deontología, la ética de las virtudes. |
Estas categorías pueden superponerse.
La fenomenología constituye tanto un método como una tradición filosófica. El estoicismo posee una historia institucional, pero también comprende teorías sobre la lógica, la naturaleza y la ética.
El existencialismo, en cambio, reúne a autores cuyas doctrinas difieren considerablemente, a pesar de compartir determinadas preocupaciones.
También debemos distinguir las corrientes filosóficas de las ramas de la filosofía.
La metafísica, la epistemología, la ética o la filosofía política designan campos de estudio. El racionalismo, el empirismo o el estoicismo corresponden más bien a maneras particulares de abordar algunos de sus problemas.
Por tanto, un mismo campo puede albergar varias corrientes opuestas.
Una distinción esencial: las ramas filosóficas indican principalmente qué estudiamos. Las corrientes filosóficas nos ayudan a comprender cómo abordan los problemas las diferentes tradiciones y qué respuestas proponen.
Las escuelas de la Antigüedad: comprender el mundo y aprender a vivir
En el mundo griego antiguo, la filosofía se desarrolló progresivamente a través de tradiciones intelectuales que concedían una importancia particular a la discusión, la educación y la búsqueda de una vida plena.
Algunas de estas escuelas influyeron profundamente en la historia occidental. Otras, menos conocidas durante mucho tiempo, han recuperado una posición importante en los debates contemporáneos.
Sin embargo, no forman un conjunto uniforme.
Sus concepciones del conocimiento, la naturaleza y la felicidad pueden ser radicalmente diferentes.
El platonismo: buscar las realidades inteligibles
El platonismo tiene su origen en las obras de Platón y en la tradición intelectual de la Academia que fundó en Atenas durante el siglo IV antes de nuestra era.
Una de sus preocupaciones fundamentales se refiere a las relaciones entre las cosas que percibimos y los principios que nos permiten comprenderlas.
Nuestras experiencias cotidianas nos enfrentan a realidades cambiantes.
Un objeto se deteriora, una persona envejece y una sociedad transforma sus leyes y costumbres.
Sin embargo, utilizamos conceptos que parecen poseer cierta estabilidad: la igualdad, la justicia, la belleza o el número.
¿Cómo podemos explicar esta diferencia?
En varios diálogos, Platón desarrolla una reflexión sobre las Formas o Ideas, realidades inteligibles que permiten explicar las propiedades de las cosas sensibles.
El objetivo no consiste simplemente en oponer un mundo imaginario al mundo real.
Se trata de comprender cómo puede ser posible un conocimiento estable y racional cuando nuestras percepciones se refieren a realidades cambiantes.
El platonismo también concede una gran importancia a la educación, la organización política y la transformación de nuestra comprensión filosófica.
Pero la tradición platónica no permanece idéntica a sí misma.
La Academia conoce distintas orientaciones, incluida una etapa caracterizada por el escepticismo. Posteriormente, el platonismo será profundamente transformado por los pensadores de la Antigüedad tardía.
Su legado fundamental: interrogar aquello que hace posible el conocimiento de las cosas más allá de sus apariencias inmediatas.
El aristotelismo: explicar los seres mediante sus causas
El aristotelismo se apoya en las obras de Aristóteles, discípulo de Platón, que desarrolla su propia enseñanza en el Liceo de Atenas.
Su enfoque concede una importancia fundamental al análisis de los seres concretos, sus propiedades y las causas que permiten comprender sus transformaciones.
Aristóteles no rechaza la búsqueda de principios generales.
Sin embargo, considera que el estudio de las realidades particulares, la observación y la distinción rigurosa de los conceptos ocupan un lugar esencial en el conocimiento.
Su filosofía desarrolla especialmente un análisis de diferentes formas de causalidad.
Para comprender una estatua, por ejemplo, podemos preguntarnos de qué material está hecha, cuál es su forma, qué actividad la produjo y qué finalidad tiene su producción.
Estos diferentes niveles de explicación permiten superar una concepción demasiado simple de las causas.
El aristotelismo también comprende investigaciones sobre la lógica, la biología, la metafísica y la ética.
Ejercerá una influencia considerable sobre las tradiciones intelectuales griegas, árabes, judías y latinas.
Sin embargo, sería engañoso hablar del aristotelismo como si fuera una doctrina inmutable. Los filósofos medievales y modernos propusieron interpretaciones frecuentemente divergentes de Aristóteles, transformando en ocasiones profundamente sus conceptos.
El cinismo: cuestionar las convenciones sociales
El cinismo antiguo, asociado especialmente con Antístenes y Diógenes de Sinope, desarrolla un enfoque particularmente provocador de la vida filosófica.
Los cínicos cuestionan el valor de las convenciones, las riquezas y el reconocimiento social.
¿Por qué dedicamos tanta energía a obtener bienes u honores que no necesitamos necesariamente?
En esta tradición, la búsqueda de una vida libre supone especialmente desarrollar la autonomía personal y reducir las dependencias artificiales.
Por tanto, la filosofía no debe permanecer limitada a los discursos.
Debe transformar concretamente nuestra manera de vivir.
Las anécdotas asociadas con Diógenes ilustran esta dimensión crítica, aunque su fiabilidad histórica es variable.
El cinismo antiguo no corresponde exactamente al significado contemporáneo de la palabra «cínico», utilizada frecuentemente para describir una actitud desencantada o carente de escrúpulos.
Se trata, más bien, de una tradición que cuestiona los valores sociales dominantes para investigar qué hace posible una existencia verdaderamente independiente.
El estoicismo: vivir de acuerdo con la razón y la naturaleza
El estoicismo fue fundado por Zenón de Citio alrededor del año 300 a. C.
Se convirtió en una de las grandes escuelas filosóficas del período helenístico y posteriormente experimentó un desarrollo importante en el mundo romano.
Entre sus representantes figuran Crisipo, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.
Actualmente, el estoicismo suele presentarse como un método para mantener la calma y afrontar mejor las dificultades.
Esta dimensión existe, pero representa solamente una parte de la doctrina antigua.
El estoicismo constituye un sistema filosófico organizado alrededor de tres grandes ámbitos:
- La lógica, que examina especialmente el razonamiento, el conocimiento y las condiciones de la argumentación.
- La física, que desarrolla una concepción de la naturaleza como un conjunto organizado e inteligible.
- La ética, que busca comprender cómo vivir de acuerdo con la razón y cultivar la virtud.
Para los estoicos, la calidad moral de nuestra existencia no depende exclusivamente de las circunstancias exteriores.
La riqueza, la reputación o incluso la salud pueden desempeñar un papel en nuestra vida, pero no constituyen por sí solas el fundamento de la felicidad moral.
Lo esencial reside en la manera en que juzgamos las situaciones y orientamos nuestra conducta.
Esta perspectiva explica la importancia concedida a la distinción entre aquello que pertenece a nuestra responsabilidad y aquello que escapa a nuestro control.
Pero no significa que los estoicos fomenten necesariamente la pasividad.
Actuar justamente, participar en la vida colectiva y ejercer nuestras responsabilidades pueden formar parte de una existencia conforme a la virtud.
El núcleo del estoicismo no es, por tanto, la ausencia de emociones: es la transformación de nuestros juicios y nuestra conducta según una concepción racional de la vida.
El epicureísmo: buscar el placer sin depender de los deseos
El epicureísmo también surgió alrededor del siglo IV antes de nuestra era, en la escuela fundada por Epicuro en Atenas.
Convierte el placer en un elemento fundamental de la vida feliz.
Esta afirmación podría parecer una invitación a buscar constantemente sensaciones agradables.
Pero Epicuro propone una concepción mucho más matizada.
Distingue diferentes deseos y examina sus consecuencias para nuestra tranquilidad.
Algunas necesidades son relativamente fáciles de satisfacer. Otras, como la búsqueda ilimitada del prestigio o de la riqueza, corren el riesgo de producir una insatisfacción permanente.
La filosofía debe ayudarnos entonces a reconocer los deseos cuya satisfacción contribuye realmente a una existencia feliz.
La amistad, la seguridad, la reducción del sufrimiento y la tranquilidad del espíritu ocupan un lugar esencial en este enfoque.
El epicureísmo también comprende una concepción materialista de la naturaleza, heredada parcialmente del atomismo antiguo.
Comprender los fenómenos naturales debe permitir especialmente reducir ciertos temores relacionados con los dioses y la muerte.
Por tanto, sería engañoso resumir esta escuela como una doctrina del placer inmediato.
El epicureísmo busca hacer más accesible la felicidad liberándonos de deseos y temores que alimentan innecesariamente el sufrimiento.
El escepticismo: ¿debemos suspender el juicio?
El escepticismo representa un conjunto de tradiciones críticas que cuestionan las pretensiones humanas de poseer un conocimiento seguro.
En la Antigüedad se desarrollaron varias orientaciones escépticas, especialmente alrededor de la Academia platónica y de la tradición pirrónica.
Sus posiciones no eran perfectamente idénticas.
Los escépticos se interesan particularmente por los desacuerdos entre doctrinas y las dificultades que aparecen cuando intentamos justificar una afirmación.
Imaginemos a dos filósofos que presentan argumentos aparentemente sólidos a favor de conclusiones opuestas.
¿Cómo podemos determinar quién tiene razón?
Cuando los argumentos no permiten resolver el desacuerdo, algunas tradiciones escépticas proponen suspender el juicio, una actitud denominada epoché.
Esta suspensión no significa necesariamente negarse a actuar.
Sigue siendo posible vivir según las experiencias ordinarias y las prácticas cotidianas sin pretender haber establecido una verdad definitiva sobre la naturaleza última de las cosas.
El escepticismo ejercerá una influencia duradera sobre Montaigne, Descartes, Hume y numerosos debates relativos a los fundamentos del conocimiento.
Conserva su importancia contemporánea, especialmente cuando debemos distinguir entre una prudencia intelectual legítima y una duda generalizada que impediría cualquier investigación.
Tres escuelas, tres concepciones de la vida feliz
| Pregunta | Estoicismo | Epicureísmo | Escepticismo pirrónico |
|---|---|---|---|
| Preocupación central | Vivir de acuerdo con la razón y cultivar la virtud. | Comprender los deseos y buscar una vida libre de perturbaciones innecesarias. | Examinar las pretensiones dogmáticas de verdad. |
| Relación con los acontecimientos | Trabajar sobre nuestros juicios y acciones. | Reducir los temores y las dependencias superfluas. | Evitar aceptar precipitadamente afirmaciones inciertas. |
| Relación con la felicidad | La virtud constituye el verdadero bien. | El placer correctamente entendido y la tranquilidad son esenciales. | La suspensión del juicio puede favorecer la tranquilidad. |
| Caricatura habitual | «No sentir nunca nada». | «Buscar todos los placeres». | «No creer en nada y no actuar nunca». |
Las tres escuelas conceden una gran importancia a la conducta de la vida, pero se apoyan en doctrinas diferentes.
No constituyen tres variantes intercambiables de una misma sabiduría antigua.
Las grandes tradiciones filosóficas fuera del mundo griego
Las escuelas filosóficas no se desarrollaron únicamente en las ciudades griegas.
En la India, China y otras regiones, diferentes tradiciones intelectuales elaboraron sus propios métodos, conceptos y controversias.
Sería engañoso clasificarlas sistemáticamente a partir de categorías europeas.
Existen ciertas semejanzas, especialmente en lo relativo a la lógica, la moral o el conocimiento. Pero las preguntas, los marcos doctrinales y los contextos de formación pueden ser muy diferentes.
Nyāya y Vedānta: dos caminos distintos de la filosofía india
La tradición india Nyāya desarrolla un estudio especialmente riguroso del razonamiento y de los medios de conocimiento.
Examina particularmente la percepción, la inferencia, las analogías y determinadas formas de testimonio.
Sus pensadores buscan determinar qué hace válido un argumento y cómo puede justificarse correctamente una proposición.
Esta tradición no se limita a una técnica lógica: también participa en debates metafísicos y religiosos más amplios.
El Vedānta, por su parte, designa un conjunto de tradiciones filosóficas que interpretan especialmente las Upanishads e interrogan las relaciones entre el yo, el mundo y la realidad última.
No constituye una doctrina única.
El Advaita Vedānta, asociado con Śaṅkara, desarrolla una concepción no dualista de la realidad.
La filosofía de Rāmānuja propone otra interpretación, denominada generalmente no dualismo cualificado.
Estos desacuerdos se refieren a problemas esenciales: ¿qué es el yo? ¿Posee el mundo una realidad independiente? ¿Qué relación existe entre los seres particulares y el fundamento último de la existencia?
La diversidad de las escuelas indias muestra que una misma tradición textual puede dar origen a construcciones filosóficas profundamente diferentes.
Madhyamaka y Yogācāra: dos grandes tradiciones del budismo
La filosofía budista también comprende numerosas escuelas.
El Madhyamaka, asociado especialmente con Nāgārjuna, desarrolla una crítica de la idea según la cual las cosas poseerían una esencia propia e independiente.
El concepto de śūnyatā, o vacuidad, ocupa un lugar central.
Nos invita a examinar las relaciones de dependencia que hacen posibles los fenómenos, sin conducir necesariamente a negar su existencia convencional.
El Yogācāra, otra gran tradición del budismo indio, desarrolla por su parte análisis particularmente complejos de la conciencia, la cognición y las relaciones entre experiencia y realidad.
Sería simplista presentar el Madhyamaka como una filosofía que afirma que nada existe y el Yogācāra como una doctrina según la cual todo sería únicamente imaginario.
Las interpretaciones de estas escuelas son múltiples, y sus debates se refieren a problemas filosóficos precisos.
Sus influencias se prolongarán especialmente en Asia Central, el Tíbet, China, Corea y Japón.
Confucianismo, taoísmo y moísmo: la diversidad china
La filosofía china antigua también estuvo atravesada por grandes controversias.
El confucianismo concede una importancia fundamental a la educación, el cultivo moral, las relaciones sociales y las condiciones de un gobierno justo.
Los herederos de Confucio debaten especialmente sobre la naturaleza humana y el papel de las prácticas colectivas en la formación de las virtudes.
El taoísmo filosófico, asociado particularmente con los textos del Dao De Jing y el Zhuangzi, cuestiona los límites de las convenciones, el lenguaje y la voluntad de control.
Desarrolla diferentes concepciones del Dao, o Vía, y de la acción que evita la coerción excesiva.
El moísmo, asociado con Mozi y sus sucesores, examina los criterios del gobierno justo, la preocupación imparcial y las consecuencias de las decisiones humanas.
Estas corrientes pueden defender posiciones profundamente opuestas.
¿Debemos formar a los individuos mediante los ritos y las tradiciones? ¿Desconfiar de las convenciones sociales? ¿Evaluar las instituciones según sus consecuencias para la vida colectiva?
Los debates chinos demuestran que la filosofía puede organizarse alrededor de preguntas morales y políticas sin abandonar por ello el rigor argumentativo.
Una precaución indispensable: no convertir las culturas en escuelas
No todas las tradiciones filosóficas adoptan la forma de una escuela identificable.
Las filosofías africanas, por ejemplo, comprenden pensadores, métodos y debates extremadamente diversos.
El concepto de ubuntu, importante en diferentes tradiciones de África austral, no debe considerarse una doctrina universal compartida por todo el continente.
Los pensamientos indígenas de América tampoco constituyen una escuela única de «filosofía de la naturaleza».
Sus concepciones de la existencia, el conocimiento, la comunidad y los territorios difieren según las sociedades y las tradiciones.
Las investigaciones contemporáneas sobre la filosofía africana, los pensamientos indígenas y las filosofías de la liberación han contribuido especialmente a cuestionar clasificaciones intelectuales heredadas de la historia colonial.
Reconocer la pluralidad de las escuelas filosóficas también significa aceptar que no todos los pensamientos humanos pueden organizarse dentro de un mismo sistema de categorías.
De la Edad Media al Renacimiento: conservar, discutir y transformar los legados
Las escuelas antiguas no desaparecieron bruscamente con las transformaciones políticas del Imperio romano.
Sus obras continuaron circulando, recibiendo comentarios y encontrándose con nuevas tradiciones intelectuales.
La filosofía medieval no fue simplemente un período durante el cual los pensadores repitieron las doctrinas antiguas.
Produjo innovaciones fundamentales en lógica, metafísica, filosofía del lenguaje y reflexiones sobre las relaciones entre razón y religión.
El neoplatonismo: una nueva metafísica de la unidad
El neoplatonismo, asociado especialmente con Plotino en el siglo III de nuestra era, desarrolla una profunda renovación del platonismo.
Busca comprender la organización de la realidad y las relaciones entre sus diferentes niveles.
En la filosofía de Plotino, toda realidad encuentra su principio último en el Uno.
Esta concepción no se limita a la búsqueda de verdades abstractas.
También implica una reflexión sobre el intelecto, el alma y las posibilidades de transformación de la existencia humana.
El neoplatonismo ejercerá una influencia considerable sobre las tradiciones filosóficas cristianas, islámicas y judías.
Pero sus diferentes recepciones producirán interpretaciones a veces muy alejadas de las doctrinas de Plotino.
La falsafa y las tradiciones de la filosofía islámica
En los mundos de lengua árabe y persa, diferentes tradiciones intelectuales se desarrollaron a partir del estudio de las obras griegas y de sus transformaciones.
El término falsafa designa generalmente tradiciones filosóficas que establecen un diálogo importante con los legados griegos, particularmente aristotélicos y neoplatónicos.
Al-Kindi, Al-Farabi, Avicena y Averroes figuran entre sus grandes referentes.
Sin embargo, estos pensadores no comparten todos la misma doctrina.
Debaten especialmente sobre la causalidad, la existencia, el conocimiento, el alma y las relaciones entre la demostración racional y la revelación.
Otros enfoques, especialmente determinadas tradiciones del kalām, también elaboran argumentaciones metafísicas y teológicas complejas.
Las filosofías de la iluminación, asociadas particularmente con Suhrawardí, y posteriormente metafísicas como la de Mulá Sadrá, prolongan y transforman estas investigaciones.
Por tanto, no debemos imaginar una filosofía islámica homogénea ni una simple oposición entre «religión» y «razón».
Las controversias se refieren precisamente a cómo comprender estas nociones y sus relaciones.
La escolástica: un método de discusión riguroso
En la Europa medieval, la escolástica designa una tradición intelectual vinculada especialmente con el desarrollo de las escuelas y las universidades.
En ocasiones se presenta como una doctrina basada en la obediencia a las autoridades antiguas.
Esta imagen no hace justicia a la diversidad de los debates medievales.
El enfoque escolástico se caracteriza especialmente por el estudio atento de los textos, la utilización de la lógica y la organización de discusiones alrededor de preguntas precisas.
Una dificultad filosófica puede examinarse a partir de argumentos favorables y contrarios antes de construir y defender una respuesta.
Tomás de Aquino, Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockham ilustran la riqueza de estas controversias.
Sin embargo, no defienden las mismas concepciones del ser, los universales o el conocimiento.
La escolástica constituye más una cultura intelectual y argumentativa que una doctrina filosófica única.
El humanismo: devolver los textos y la experiencia humana al centro
El humanismo del Renacimiento se desarrolla particularmente mediante el estudio de las lenguas antiguas, el redescubrimiento de los textos y nuevas reflexiones sobre la educación.
Pensadores como Erasmo, Pico della Mirandola o Montaigne ilustran diferentes dimensiones de este movimiento.
El humanismo no significa necesariamente una ruptura total con la religión o la filosofía medieval.
Corresponde especialmente a una renovación de los métodos de lectura, a una mayor atención a los contextos históricos y a la reflexión sobre las capacidades humanas.
En Montaigne, el examen crítico de uno mismo, la experiencia vivida y la duda ocupan un lugar particularmente importante.
El humanismo invita así a comprender la educación y el juicio como actividades que contribuyen a formar al ser humano.
Tampoco constituye una doctrina perfectamente uniforme.
Su historia es la de un conjunto de prácticas intelectuales, discusiones y transformaciones culturales.
La filosofía moderna: razón, experiencia y fundamentos del conocimiento
A partir de los siglos XVI y XVII, las transformaciones científicas e intelectuales conducen a reexaminar profundamente las condiciones del conocimiento.
Los debates sobre la astronomía, las matemáticas, la física y la organización del mundo natural modifican la manera en que los filósofos comprenden la búsqueda de la verdad.
Una pregunta adquiere especial importancia: ¿de dónde proceden nuestros conocimientos y cómo podemos justificarlos?
Es en este contexto donde tradicionalmente se presenta la oposición entre racionalismo y empirismo.
El racionalismo: lo que la razón puede conocer
El racionalismo moderno suele asociarse con Descartes, Spinoza y Leibniz.
Concede una importancia fundamental a determinadas capacidades de la razón en la formación del conocimiento.
Según las doctrinas, algunas verdades pueden conocerse independientemente de la experiencia sensible o no pueden establecerse correctamente mediante ella únicamente.
Las matemáticas ofrecen un ejemplo especialmente sugerente.
Para demostrar determinadas proposiciones geométricas, no nos limitamos a observar un gran número de figuras dibujadas.
También utilizamos relaciones conceptuales y demostraciones.
La pregunta filosófica consiste entonces en saber hasta dónde puede extenderse este tipo de conocimiento.
¿Podemos alcanzar determinadas verdades sobre la realidad mediante el ejercicio de la razón?
¿Existen principios o conceptos que no proceden enteramente de nuestras experiencias sensibles?
Estas preguntas son centrales en diferentes formas de racionalismo.
Pero sería falso creer que todos los racionalistas rechazan la observación o las ciencias experimentales.
Descartes, por ejemplo, también concede un lugar importante a la experiencia en determinadas investigaciones científicas.
Por tanto, el racionalismo no significa necesariamente que podamos conocer el mundo entero permaneciendo encerrados en nuestros pensamientos.
El empirismo: partir de la experiencia
El empirismo moderno, asociado frecuentemente con Locke, Berkeley y Hume, insiste en el papel de la experiencia en la formación de nuestras ideas y conocimientos.
John Locke examina especialmente los orígenes de los contenidos de nuestra mente.
Hume desarrolla un análisis crítico de las relaciones entre impresiones, ideas y creencias.
El empirismo nos invita particularmente a buscar las experiencias que justifican nuestras afirmaciones.
Pensemos en el concepto de causalidad.
Cuando afirmamos que un acontecimiento produce otro, ¿observamos directamente una conexión necesaria entre ellos?
¿O construimos esa creencia a partir de la repetición de determinadas experiencias?
Hume muestra que el paso de la observación de regularidades a la afirmación de una conexión necesaria plantea una dificultad filosófica fundamental.
Sin embargo, el empirismo no consiste simplemente en rechazar el razonamiento abstracto.
Los filósofos empiristas pueden reconocer el papel de las matemáticas, la lógica y la reflexión sobre nuestras propias operaciones mentales.
El desacuerdo se refiere principalmente a las fuentes y al alcance de determinados conocimientos.
Una oposición útil, pero imperfecta
| Pregunta | Tendencia racionalista | Tendencia empirista |
|---|---|---|
| Fuente del conocimiento | Algunos conocimientos o conceptos pueden depender de la razón independientemente de la experiencia sensible. | La experiencia ocupa un lugar fundamental en el origen de nuestras ideas y conocimientos. |
| Modelo intelectual importante | Demostración, deducción, principios racionales. | Observación, experiencia, análisis de la formación de las creencias. |
| Problema fundamental | ¿Cómo justificar aquello que la razón pretende conocer más allá de la experiencia? | ¿Cómo justificar principios generales a partir de experiencias particulares? |
| Figuras tradicionalmente asociadas | Descartes, Spinoza, Leibniz. | Locke, Berkeley, Hume. |
Esta tabla facilita la comprensión de un debate importante.
Pero no debe interpretarse como la descripción de dos bandos perfectamente homogéneos.
Las clasificaciones retrospectivas pueden ocultar las diferencias entre autores y minimizar otras figuras importantes de la filosofía moderna.
Descartes, Spinoza y Leibniz no defienden una misma metafísica. Locke, Berkeley y Hume tampoco coinciden en todos los aspectos de la realidad y del conocimiento.
Un filósofo puede adoptar posiciones racionalistas en determinados ámbitos y empiristas en otros.
La distinción sigue siendo útil para comprender algunos desacuerdos, siempre que no la convirtamos en una oposición universal.
El criticismo kantiano: examinar las condiciones del conocimiento
Con Kant, la discusión experimenta una transformación fundamental.
En lugar de elegir simplemente entre racionalismo y empirismo, Kant intenta determinar cómo es posible el conocimiento y cuáles son sus límites.
En la Crítica de la razón pura (1781), examina las condiciones que permiten que nuestra experiencia posea la estructura que conocemos.
Según su análisis, el conocimiento no depende exclusivamente de datos sensibles recibidos pasivamente ni de una razón capaz de conocer toda la realidad independientemente de la experiencia.
Supone la intervención de formas y conceptos que organizan nuestra experiencia.
Este enfoque, denominado generalmente filosofía crítica o criticismo, conduce a reexaminar aquello que podemos afirmar legítimamente.
La filosofía también debe tener en cuenta los límites de sus propias capacidades.
Por tanto, el criticismo kantiano no significa simplemente «ser crítico» en el sentido habitual de la expresión.
Constituye una investigación sistemática sobre las condiciones, el alcance y los límites del conocimiento humano.
Idealismo, materialismo y realismo: ¿qué constituye la realidad?
Los debates filosóficos no se refieren únicamente a la manera en que conocemos el mundo.
También conciernen a su naturaleza.
¿Existe una realidad independiente de nuestra mente? ¿Pueden explicarse los fenómenos mentales mediante procesos físicos? ¿Son materiales, espirituales o de otra naturaleza las estructuras fundamentales del mundo?
Estas preguntas atraviesan varios siglos y dan origen a tradiciones particularmente diversas.
El idealismo: varias concepciones de la realidad
El término idealismo comprende diferentes doctrinas que conceden un papel fundamental a la mente, las ideas o las condiciones de la representación.
Pero no todas las formas de idealismo defienden que el mundo exterior sea una ilusión.
Berkeley, por ejemplo, desarrolla una concepción idealista en la que la existencia de los objetos sensibles está estrechamente relacionada con su percepción.
Kant propone un idealismo trascendental muy diferente: examina cómo las formas de nuestra sensibilidad y las categorías de nuestro entendimiento condicionan nuestra experiencia de los objetos.
Hegel, por su parte, desarrolla una filosofía idealista en la que la historia, la razón y las formas de la vida colectiva desempeñan un papel esencial.
Estas filosofías no son intercambiables.
Por tanto, sería engañoso definir el idealismo mediante una fórmula única según la cual «todo ocurre dentro de nuestra cabeza».
El término designa una familia de posiciones que interrogan, cada una a su manera, las relaciones entre pensamiento y realidad.
El materialismo: ¿basta la materia para explicar el mundo?
El materialismo posee una historia antigua.
En la Antigüedad, determinadas tradiciones atomistas desarrollaron concepciones según las cuales los fenómenos naturales podían explicarse a partir de constituyentes materiales y de sus movimientos.
En la época moderna, el materialismo adoptó nuevas formas en contacto con las transformaciones científicas.
Los enfoques materialistas contemporáneos intentan frecuentemente comprender cómo se inscriben los fenómenos mentales, biológicos y sociales dentro de la realidad física.
Pero no todos proponen necesariamente las mismas explicaciones.
Algunos defienden concepciones reduccionistas, según las cuales los fenómenos complejos pueden explicarse, en principio, mediante procesos más fundamentales.
Otros reconocen diferentes niveles de organización e investigan las nuevas propiedades que aparecen dentro de sistemas complejos.
Por tanto, el materialismo no puede reducirse a una afirmación simplista según la cual el pensamiento no existiría.
Busca, más bien, determinar qué condición debemos atribuir a los fenómenos mentales y cómo comprender sus relaciones con la realidad física.
El realismo: ¿depende el mundo de nuestras representaciones?
El realismo filosófico corresponde a una familia de posiciones que sostienen, en determinados ámbitos, la existencia de realidades o verdades independientes de nuestras creencias y representaciones.
Podemos ser realistas respecto a los objetos físicos, las verdades matemáticas o determinadas propiedades morales sin adoptar necesariamente una posición realista idéntica en todos los ámbitos.
El realismo no es, por tanto, simplemente lo contrario del idealismo o del materialismo.
Un filósofo puede defender una concepción materialista del mundo y ser también realista respecto a su existencia independiente de nuestras representaciones.
Las fronteras entre estas posiciones dependen de las preguntas precisas que examinamos.
Idealismo, materialismo y realismo no designan tres bandos universalmente opuestos. Permiten formular desacuerdos metafísicos que debemos precisar según las doctrinas y los ámbitos estudiados.
El siglo XIX: ciencia, historia y transformación de la sociedad
Con las revoluciones políticas, la industrialización y el desarrollo de las ciencias, nuevas preguntas se vuelven centrales.
¿Cómo evolucionan las sociedades? ¿Podemos comprender la historia según principios racionales? ¿Deben los conocimientos científicos convertirse en el modelo de toda investigación? ¿Qué importancia debemos conceder a los conflictos económicos y sociales?
Varias corrientes filosóficas se desarrollan en este contexto.
El positivismo: tomar las ciencias como referencia
El positivismo se asocia especialmente con Auguste Comte en el siglo XIX.
Concede un lugar central a los conocimientos científicos y busca comprender las condiciones de su desarrollo.
Comte propone una concepción de la historia intelectual en la que las formas de pensamiento teológicas y metafísicas son sustituidas progresivamente por una orientación positiva, atenta a las leyes de los fenómenos.
Su proyecto también comprende una reflexión sobre la clasificación de las ciencias y sobre el estudio científico de la sociedad.
El interés de este enfoque reside especialmente en su exigencia de distinguir las explicaciones basadas en la observación de las especulaciones insuficientemente justificadas.
Pero también plantea dificultades.
¿Pueden las ciencias responder a todas las preguntas humanas?
¿Pueden resolverse completamente los juicios morales, los problemas políticos o las interrogaciones sobre el sentido de la existencia mediante métodos científicos?
El positivismo experimentará diferentes transformaciones, especialmente en el siglo XX con el positivismo lógico.
Sin embargo, no debemos confundir estos dos movimientos.
El marxismo: comprender las contradicciones sociales
El marxismo tiene su origen en los trabajos de Karl Marx y Friedrich Engels.
Posteriormente se desarrolla a través de numerosas tradiciones filosóficas, económicas y políticas.
Una de sus grandes orientaciones consiste en estudiar las sociedades a partir de sus condiciones materiales, sus relaciones de producción y sus conflictos sociales.
Las instituciones, los valores y las ideas no siempre pueden comprenderse independientemente de las relaciones económicas e históricas en las que aparecen.
Esta perspectiva transforma profundamente el análisis de la sociedad.
Las desigualdades dejan de interpretarse únicamente como consecuencias de comportamientos individuales injustos.
También pueden estudiarse como efectos de estructuras sociales y económicas.
Pero el marxismo no constituye una doctrina perfectamente uniforme.
Las tradiciones marxistas han desarrollado desacuerdos importantes sobre la historia, la cultura, la política, el papel de las instituciones y las condiciones de la emancipación.
Algunas privilegian el análisis económico. Otras conceden mayor importancia a la ideología, la cultura o los mecanismos de dominación.
El marxismo representa así una familia de filosofías críticas que buscan comprender las relaciones entre condiciones materiales, vida social y transformaciones históricas.
Las grandes teorías morales: deber, consecuencias y virtudes
Algunas clasificaciones filosóficas no corresponden directamente a escuelas históricas.
Permiten más bien distinguir diferentes maneras de determinar qué hace que una acción sea moralmente correcta.
Tres enfoques ocupan un lugar especialmente importante en la ética normativa contemporánea: el consecuencialismo, la deontología y la ética de las virtudes.
El consecuencialismo y el utilitarismo: examinar los resultados
El consecuencialismo designa una familia de teorías según las cuales el carácter moral de una acción depende de sus consecuencias.
El utilitarismo constituye una de sus expresiones más influyentes.
Asociado especialmente con Jeremy Bentham y John Stuart Mill, concede una importancia fundamental al bienestar de los individuos afectados por las decisiones.
Por tanto, una acción debe evaluarse según los efectos que produce sobre quienes experimentan sus consecuencias.
Pensemos en una decisión de salud pública.
Un enfoque utilitarista puede conducir a comparar diferentes medidas según sus efectos esperados sobre el bienestar, el sufrimiento y las condiciones de vida de la población.
Esta perspectiva llama la atención sobre las consecuencias concretas de las decisiones.
Sin embargo, también plantea dificultades importantes.
¿Cómo medir diferentes formas de bienestar? ¿Cómo tener en cuenta los intereses de las minorías? ¿Es suficiente una mejora del bienestar colectivo para justificar una decisión que vulnera gravemente los derechos de una persona?
Las teorías consecuencialistas contemporáneas proponen diferentes respuestas a estas objeciones.
También debemos distinguir el consecuencialismo del utilitarismo: no todas las teorías centradas en las consecuencias definen necesariamente el bien a partir de la utilidad o del placer.
La deontología: algunas obligaciones no dependen de los resultados
Los enfoques deontológicos conceden una importancia fundamental a los deberes, los derechos y las restricciones morales.
Consideran especialmente que determinadas acciones pueden estar prohibidas incluso cuando parecen producir consecuencias ventajosas.
La filosofía moral de Kant constituye una referencia fundamental en este ámbito.
Insiste en la exigencia de poder justificar nuestras acciones mediante principios racionales y en el respeto de las personas como fines en sí mismas.
Un enfoque deontológico puede, por tanto, rechazar que una persona sea utilizada deliberadamente como un simple medio al servicio de un beneficio colectivo.
Pero estas teorías también encuentran problemas.
¿Cómo resolver los conflictos entre diferentes obligaciones? ¿Existen reglas para las que no debería admitirse ninguna excepción? ¿Cómo determinar qué derechos deben tener prioridad?
La deontología comprende, por tanto, varias orientaciones y no corresponde exactamente a la sola moral kantiana.
La ética de las virtudes: ¿en qué clase de persona queremos convertirnos?
La ética de las virtudes adopta otro punto de partida.
En lugar de preguntar exclusivamente qué regla debemos respetar o qué consecuencias debemos producir, examina las cualidades de carácter necesarias para una vida buena.
La valentía, la justicia, la generosidad, la honestidad y el discernimiento ocupan aquí un lugar esencial.
Este enfoque posee especialmente raíces antiguas en la filosofía de Aristóteles, pero también aparece, bajo otras formas, en diferentes tradiciones confucianas.
Experimenta una renovación importante en la filosofía contemporánea.
La cuestión no consiste solamente en saber si una acción corresponde a una obligación.
También debemos examinar las disposiciones que llevan a una persona a actuar y la manera en que estas disposiciones se desarrollan mediante la experiencia.
Pero la ética de las virtudes también encuentra dificultades.
¿Cómo determinar qué cualidades merecen considerarse virtudes? ¿Cómo actuar cuando diferentes virtudes parecen entrar en tensión?
Tres maneras de evaluar una misma acción
Imaginemos que una persona descubre un error importante cometido por un compañero de trabajo.
Duda entre comunicar inmediatamente el problema, intentar resolverlo discretamente o esperar hasta conocer todas las circunstancias.
| Enfoque moral | Pregunta principal |
|---|---|
| Consecuencialismo | ¿Qué decisión producirá las mejores consecuencias para todas las personas afectadas? |
| Deontología | ¿Qué deberes y derechos deben respetarse, incluso cuando algunas consecuencias parecen ventajosas? |
| Ética de las virtudes | ¿Cómo actuaría una persona justa, honesta, valiente y capaz de discernimiento en esta situación? |
Estos tres enfoques no son necesariamente incompatibles en todas sus conclusiones.
En ocasiones pueden recomendar la misma decisión y, sin embargo, proponer justificaciones diferentes.
Su distinción se refiere, sobre todo, a aquello que fundamenta el valor moral de una acción.
Las filosofías de la experiencia y de la existencia
A partir del siglo XIX, y especialmente durante el siglo XX, varias corrientes buscan renovar la filosofía partiendo de la experiencia, la existencia concreta y las prácticas humanas.
Cuestionan especialmente determinadas representaciones de un sujeto capaz de observar el mundo desde una posición totalmente exterior y neutral.
El pragmatismo: comprender las ideas mediante sus consecuencias prácticas
El pragmatismo aparece en Estados Unidos durante el siglo XIX, particularmente a través de los trabajos de Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey.
Concede una importancia fundamental a las relaciones entre pensamiento, investigación, experiencia y acción.
Una de sus ideas más importantes consiste en examinar las consecuencias prácticas que asociamos con nuestros conceptos.
Imaginemos una discusión en la que dos personas parecen defender concepciones opuestas, pero no consiguen explicar qué diferencias concretas implicarían sus propuestas.
Un enfoque pragmatista podría pedirles que precisaran qué cambiaría cada concepción en la experiencia, la investigación o la acción.
Esta perspectiva no significa simplemente que «lo que resulta útil es verdadero».
Los pragmatistas desarrollan teorías diferentes de la verdad, del conocimiento y de las condiciones de la investigación.
En Peirce, la investigación científica y la comunidad de investigadores ocupan un lugar importante.
En James, la experiencia humana y la pluralidad de situaciones tienen una presencia especialmente destacada.
En Dewey, la filosofía se interesa particularmente por la educación, la democracia y la resolución de problemas colectivos.
El pragmatismo propone así comprender el pensamiento como una actividad comprometida con el mundo, en lugar de una simple representación separada de la experiencia.
La fenomenología: describir lo que aparece en la experiencia
La fenomenología, desarrollada especialmente por Edmund Husserl a comienzos del siglo XX, busca examinar rigurosamente las estructuras de nuestra experiencia.
No consiste simplemente en contar lo que sentimos personalmente.
Intenta comprender cómo aparecen las cosas ante nuestra conciencia y adquieren sentido para nosotros.
Pensemos en un objeto cotidiano: una taza colocada sobre una mesa.
Generalmente percibimos solamente una parte de su superficie.
Sin embargo, la comprendemos como un objeto que posee caras que no vemos directamente.
Nuestra experiencia supera, por tanto, los simples datos inmediatamente presentes ante nuestra mirada.
La fenomenología examina las estructuras que hacen posible este tipo de percepción.
El concepto de intencionalidad, según el cual la conciencia es siempre conciencia de algo, desempeña un papel esencial en esta tradición.
Sin embargo, los herederos de Husserl transforman profundamente su enfoque.
Heidegger desarrolla un análisis de la existencia humana y de su relación con el mundo.
Merleau-Ponty concede una importancia fundamental al cuerpo vivido y a la percepción.
La fenomenología se convierte así en una tradición diversificada que examina la experiencia, la conciencia, el tiempo, el cuerpo y nuestras relaciones con los demás.
El existencialismo: existir antes de definirnos
El existencialismo reúne a pensadores que conceden especial importancia a la existencia concreta, la libertad, la responsabilidad y la búsqueda de sentido.
Kierkegaard y Nietzsche suelen considerarse precursores, aunque sus filosofías son muy diferentes.
En el siglo XX, Sartre y Simone de Beauvoir contribuyen especialmente a otorgar al existencialismo una gran visibilidad intelectual y cultural.
Una de sus principales interrogaciones se refiere a las relaciones entre lo que somos y lo que hacemos de nuestra existencia.
¿Estamos completamente definidos por una naturaleza predeterminada? ¿Contribuyen nuestras decisiones a construir nuestra identidad? ¿Hasta qué punto somos responsables de nuestra manera de vivir?
En Sartre, la libertad ocupa un lugar fundamental.
Pero esta libertad no debe entenderse como una capacidad mágica que permite escapar de todas las condiciones históricas o materiales.
Beauvoir profundiza especialmente en las relaciones entre libertad y situación concreta.
Los obstáculos sociales, las relaciones de dominación y las posibilidades ofrecidas a los individuos deben tenerse en cuenta para comprender las condiciones de su existencia.
Sin embargo, el existencialismo no forma una doctrina única.
Algunas filosofías de la existencia son religiosas y otras son ateas. Varios autores asociados con el movimiento incluso rechazaron esta etiqueta.
Su legado fundamental: volver a situar en el centro de la filosofía al individuo que existe, elige, actúa y debe afrontar las incertidumbres de su condición.
La hermenéutica: comprender siempre implica interpretar
La hermenéutica posee una larga historia vinculada con la interpretación de los textos.
Se transforma progresivamente en una reflexión filosófica más general sobre las condiciones de la comprensión.
Pensadores como Wilhelm Dilthey, Hans-Georg Gadamer y Paul Ricœur contribuyen a su desarrollo moderno y contemporáneo.
La idea fundamental es que nunca comprendemos un texto, un acontecimiento o una tradición desde una posición completamente libre de presupuestos.
Nuestro lenguaje, nuestra historia y nuestra situación influyen en nuestra manera de interpretar.
Esto no significa que todas las interpretaciones sean equivalentes.
Una interpretación puede discutirse, confrontarse con los textos y corregirse mediante nuevos argumentos.
La hermenéutica examina precisamente las condiciones que permiten una comprensión más rigurosa.
Concede especial importancia al diálogo entre quien interpreta y aquello que intenta comprender.
Este enfoque resulta particularmente influyente en las humanidades, la filosofía de la historia y el estudio de las obras culturales.
Lenguaje, estructuras y crítica de la sociedad: las grandes renovaciones del siglo XX
El siglo XX no da origen a una escuela filosófica dominante capaz de unificar toda la disciplina.
Los métodos se multiplican, las ciencias se especializan y las transformaciones políticas obligan a repensar las instituciones y las relaciones humanas.
Varias corrientes adquieren una importancia particular.
La filosofía analítica: examinar los argumentos y los conceptos
La filosofía analítica se desarrolla especialmente a partir de las investigaciones de Frege, Russell, Moore y Wittgenstein.
Concede una importancia particular a la precisión de los argumentos, la lógica y la clarificación de los problemas.
Una pregunta filosófica puede parecer insoluble porque las palabras empleadas son ambiguas o porque se han confundido varios problemas diferentes.
El análisis busca entonces formular las proposiciones con mayor rigor.
Pero sería engañoso creer que la filosofía analítica se limita al estudio del lenguaje.
Actualmente comprende amplias investigaciones en metafísica, ética, epistemología, filosofía política y filosofía de la mente.
Constituye menos una doctrina común que una tradición intelectual comprometida con determinadas exigencias de claridad y argumentación.
El positivismo lógico: ¿qué significa una proposición?
A comienzos del siglo XX, el positivismo lógico, asociado especialmente con el Círculo de Viena, intenta renovar las relaciones entre filosofía, lógica y ciencias.
Sus representantes desarrollan diferentes análisis del significado de las proposiciones y del papel de su verificación empírica.
El objetivo consiste especialmente en distinguir las afirmaciones capaces de contribuir al conocimiento de las formulaciones consideradas insuficientemente determinadas.
Este proyecto encuentra rápidamente dificultades.
¿Pueden verificarse realmente y de manera definitiva todas las proposiciones científicas? ¿Cumplen los propios principios del positivismo lógico las exigencias que proponen?
Las críticas internas y externas conducen a transformar profundamente este movimiento.
Su historia ilustra una característica importante de la filosofía: una escuela puede ejercer una influencia considerable incluso cuando varias de sus doctrinas centrales son posteriormente abandonadas.
El estructuralismo: buscar las relaciones que organizan los fenómenos
El estructuralismo se desarrolla especialmente durante el siglo XX en varios ámbitos de las ciencias humanas.
Encuentra una fuente importante en los trabajos lingüísticos de Ferdinand de Saussure y se transforma particularmente a través de las investigaciones de Claude Lévi-Strauss.
Su enfoque consiste en examinar las relaciones y los sistemas que permiten a los elementos adquirir un significado.
Una palabra, por ejemplo, no posee necesariamente su sentido independientemente de las demás palabras y de las distinciones que estructuran una lengua.
Del mismo modo, determinadas prácticas sociales pueden estudiarse a través de las relaciones que las organizan, en lugar de considerar sus elementos de manera aislada.
El estructuralismo ejerce una influencia importante sobre la filosofía, la antropología, la lingüística y la teoría literaria.
Pero no constituye un sistema único compartido por todos los autores a los que se ha aplicado esta etiqueta.
El postestructuralismo: cuestionar los sistemas demasiado estables
La expresión postestructuralismo designa retrospectivamente varios enfoques críticos asociados especialmente con Foucault, Derrida y Deleuze.
Estos pensadores no forman una escuela homogénea.
Sus trabajos examinan, de diferentes maneras, las oposiciones conceptuales, los procesos históricos y las condiciones de formación de los saberes.
Algunos análisis muestran cómo categorías aparentemente naturales dependen de historias institucionales y de relaciones de poder.
Otros examinan las tensiones internas de los textos y de los sistemas conceptuales.
Sería engañoso resumir estas filosofías mediante la idea de que toda verdad sería imposible o que cualquier interpretación sería arbitraria.
Sus enfoques buscan especialmente comprender los límites de determinados modelos de pensamiento y las transformaciones que afectan a las categorías que utilizamos.
La teoría crítica: comprender la dominación para pensar la emancipación
La teoría crítica, asociada particularmente con la Escuela de Fráncfort, desarrolla investigaciones sobre la sociedad, la cultura, la racionalidad y los mecanismos de dominación.
Max Horkheimer, Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse y, posteriormente, Jürgen Habermas figuran entre los grandes referentes de esta tradición.
Sus autores examinan especialmente las contradicciones de las sociedades modernas.
¿Cómo pueden sociedades que valoran la libertad y la razón producir nuevas formas de dominación?
¿Cómo influyen la cultura, las instituciones y las estructuras económicas en las posibilidades de emancipación?
La teoría crítica relaciona frecuentemente la reflexión filosófica con las investigaciones históricas y sociales.
No se limita a describir el mundo.
También busca comprender las condiciones en las que determinadas formas de dominación podrían transformarse.
Pero sus orientaciones son diversas.
Los trabajos de Adorno y Horkheimer no se confunden con la filosofía de la comunicación desarrollada por Habermas.
Por tanto, la teoría crítica constituye una tradición de debates y no un programa intelectual perfectamente uniforme.
Las corrientes contemporáneas: ampliar las preguntas filosóficas
La filosofía contemporánea no se reduce a los legados de las escuelas antiguas o de los grandes movimientos del siglo XX.
Numerosos enfoques buscan hoy renovar las preguntas morales, políticas y metafísicas a partir de experiencias que durante mucho tiempo fueron estudiadas de manera insuficiente.
Estas tradiciones no poseen necesariamente un fundador único ni una doctrina común.
Las filosofías feministas: repensar las categorías y las instituciones
Las filosofías feministas constituyen un conjunto especialmente diversificado de reflexiones sobre el género, la libertad, el conocimiento, la justicia y las relaciones de poder.
Examinan particularmente las condiciones en las que determinadas experiencias humanas fueron excluidas de las teorías filosóficas.
La cuestión no consiste solamente en saber por qué las mujeres estuvieron menos presentes en las instituciones académicas.
También se trata de examinar las categorías que la filosofía presentó en ocasiones como universales, aunque se apoyaran en experiencias históricamente particulares.
Las teorías feministas contemporáneas abordan así la epistemología, la moral, la filosofía política, la metafísica y la filosofía de la ciencia.
Desarrollan posiciones que a veces resultan incompatibles.
Algunas conceden especial importancia a la autonomía individual; otras, a las relaciones sociales, las instituciones o los mecanismos de dominación.
No constituyen, por tanto, una filosofía única, sino un campo de controversias que transforma profundamente varios ámbitos de investigación.
La ética del cuidado: tomar en serio las relaciones de dependencia
La ética del cuidado, desarrollada especialmente a partir de los trabajos de Carol Gilligan, Nel Noddings, Virginia Held y Joan Tronto, concede una importancia fundamental a las relaciones humanas, la vulnerabilidad y las responsabilidades de cuidado.
Cuestiona determinadas teorías morales que privilegian exclusivamente las reglas abstractas o la imagen de individuos perfectamente autónomos.
En la vida real, los seres humanos atraviesan situaciones de dependencia.
Los niños necesitan acompañamiento. Las personas enfermas pueden depender de otras. El envejecimiento, la discapacidad o la precariedad modifican las posibilidades de acción.
Por tanto, una reflexión moral debe tener en cuenta estas relaciones concretas.
Esto no significa que el cuidado sea una cualidad naturalmente femenina.
Los filósofos contemporáneos debaten precisamente sus relaciones con el género, la responsabilidad colectiva y las instituciones políticas.
La ética del cuidado nos invita a comprender que la justicia no concierne únicamente a la distribución de derechos.
También depende de la manera en que una sociedad reconoce las necesidades, organiza las responsabilidades y cuida a las personas vulnerables.
Las filosofías poscoloniales y decoloniales: ¿quién define los conceptos universales?
Las filosofías poscoloniales y decoloniales reúnen diferentes enfoques críticos de las relaciones entre dominación, historia y producción del conocimiento.
Examinan especialmente las consecuencias intelectuales, políticas y culturales de la colonización.
Pensadores como Frantz Fanon, Edward Said, Enrique Dussel y diferentes figuras del pensamiento decolonial han contribuido a renovar estos debates, aunque desde orientaciones distintas.
Una pregunta importante se refiere a la autoridad intelectual.
¿Por qué determinadas tradiciones fueron presentadas como portadoras de una racionalidad universal, mientras que otras quedaron reducidas a expresiones locales o culturales?
¿Cómo continúan influyendo determinadas categorías históricas y políticas heredadas de la colonización en las representaciones contemporáneas?
Estos enfoques no implican necesariamente rechazar todas las tradiciones europeas.
Buscan especialmente examinar las condiciones en las que las ideas circulan, adquieren autoridad y pueden transformarse mediante nuevas experiencias históricas.
Las filosofías ambientales: repensar nuestro lugar entre los seres vivos
Las transformaciones ecológicas contemporáneas también alimentan nuevas corrientes filosóficas.
La ética ambiental examina especialmente las obligaciones humanas hacia los animales, los ecosistemas y las generaciones futuras.
Algunos enfoques conceden un valor moral particular a los seres capaces de sentir.
Otros buscan reconocer un valor a las realidades naturales independientemente de su utilidad inmediata para los seres humanos.
Los debates también se refieren a las responsabilidades colectivas, las formas de desarrollo económico y las instituciones capaces de responder a las crisis ecológicas.
Una vez más, no existe una filosofía ambiental única.
Las diferentes doctrinas pueden divergir profundamente sobre la manera de definir el valor, establecer prioridades entre las obligaciones y conciliar los intereses humanos con los de otros seres vivos.
Las corrientes contemporáneas muestran que la filosofía continúa transformándose cuando encuentra nuevas experiencias, nuevos conocimientos y problemas que las tradiciones anteriores no habían tenido suficientemente en cuenta.
Una misma pregunta, varias corrientes: ¿cómo tomar una decisión justa?
Para comprender concretamente las diferencias entre las tradiciones filosóficas, imaginemos una situación contemporánea.
Una ciudad desea utilizar un sistema automatizado para ayudar a asignar viviendas sociales.
El dispositivo promete tramitar rápidamente las solicitudes y mejorar la gestión administrativa.
Pero algunos habitantes están preocupados por la transparencia de las decisiones, sus consecuencias para las personas vulnerables y los riesgos de desigualdad.
¿Cómo podrían abordar este problema diferentes corrientes filosóficas?
Un enfoque consecuencialista: ¿qué resultados produce para la población?
Buscaría evaluar las consecuencias del dispositivo.
¿Permite realmente reducir los tiempos de espera? ¿Mejora las condiciones de vida? ¿Sus errores provocan daños desproporcionados?
Este enfoque concede un lugar central a los efectos de las decisiones sobre las personas afectadas.
Un enfoque deontológico: ¿qué límites no deben cruzarse?
Examinaría los derechos y las obligaciones implicados.
¿Se trata a las personas con dignidad? ¿Pueden impugnar una decisión? ¿Se garantizan reglas fundamentales de justicia y respeto?
Incluso un sistema eficaz podría considerarse problemático si vulnerara derechos esenciales.
Un enfoque pragmatista: ¿qué revela la experiencia?
Buscaría precisar los problemas que el dispositivo debe resolver, examinar los resultados observables y modificar las prácticas cuando aparezcan dificultades.
La cuestión no consistiría simplemente en saber si el sistema corresponde a una teoría abstracta de la eficiencia.
Sería necesario comprender qué cambia realmente en las situaciones vividas.
Un enfoque crítico: ¿qué relaciones de poder se reproducen?
Interrogaría las instituciones que definen los criterios de decisión.
¿Quién elige las categorías utilizadas? ¿Qué datos se consideran pertinentes? ¿Corren determinadas situaciones sociales el riesgo de resultar sistemáticamente desfavorecidas?
El análisis se centraría tanto en las estructuras de decisión como en los resultados individuales.
Un enfoque inspirado en la ética del cuidado: ¿qué ocurre con las personas vulnerables?
Llamaría la atención sobre situaciones que las categorías administrativas generales podrían representar de manera insuficiente.
¿Se tienen en cuenta las necesidades particulares? ¿Existen interlocutores humanos capaces de comprender las circunstancias individuales? ¿Disponen las personas afectadas de un acompañamiento adecuado?
Esta perspectiva subrayaría la importancia de las relaciones y las responsabilidades concretas.
Estos enfoques no conducen necesariamente a cinco decisiones opuestas.
Por el contrario, pueden contribuir a construir una reflexión más completa.
Su interés reside en que no plantean exactamente las mismas preguntas.
Uno llama la atención sobre las consecuencias, otro sobre los derechos, un tercero sobre la experiencia, un cuarto sobre las estructuras de poder y el último sobre las relaciones de vulnerabilidad.
Este ejemplo demuestra por qué la diversidad filosófica puede enriquecer el análisis de un problema en lugar de hacerlo imposible.
Las grandes corrientes filosóficas en una tabla
Las tradiciones presentadas en este artículo poseen historias y niveles de diversidad muy diferentes.
La siguiente tabla constituye una referencia introductoria, no una definición exhaustiva.
| Corriente o tradición | Pregunta u orientación central | Algunas referencias |
|---|---|---|
| Platonismo | ¿Qué realidades y principios hacen posible el conocimiento? | Platón y sus sucesores. |
| Aristotelismo | ¿Cómo comprender los seres, sus propiedades y sus causas? | Aristóteles y las tradiciones de comentarios. |
| Estoicismo | ¿Cómo vivir de acuerdo con la razón y cultivar la virtud? | Zenón, Crisipo, Epicteto, Marco Aurelio. |
| Epicureísmo | ¿Qué deseos contribuyen realmente a una vida feliz? | Epicuro, Lucrecio. |
| Escepticismo | ¿Qué podemos afirmar con una justificación suficiente? | Pirrón, Sexto Empírico. |
| Nyāya | ¿Cómo establecer un conocimiento y un razonamiento válidos? | Tradiciones clásicas y Navya-Nyāya. |
| Vedānta | ¿Qué relaciones existen entre el yo y la realidad última? | Śaṅkara, Rāmānuja y otras escuelas. |
| Madhyamaka | ¿Poseen las cosas una naturaleza independiente? | Nāgārjuna y sus sucesores. |
| Confucianismo | ¿Cómo formar personas virtuosas y gobernar justamente? | Confucio, Mencio, Xunzi. |
| Taoísmo filosófico | ¿Cuáles son los límites de las convenciones y de la voluntad de control? | Dao De Jing, Zhuangzi. |
| Escolástica | ¿Cómo analizar rigurosamente las preguntas mediante la lógica y la discusión? | Tomás de Aquino, Duns Escoto, Ockham. |
| Racionalismo | ¿Qué podemos conocer gracias a la razón? | Descartes, Spinoza, Leibniz. |
| Empirismo | ¿Qué papel desempeña la experiencia en nuestros conocimientos? | Locke, Berkeley, Hume. |
| Idealismo | ¿Qué relaciones existen entre la mente, la representación y la realidad? | Berkeley, Kant, Hegel. |
| Materialismo | ¿Cómo comprender los fenómenos a partir de la realidad material? | Tradiciones atomistas y materialismos modernos. |
| Positivismo | ¿Qué papel debemos conceder a los métodos científicos en el conocimiento? | Comte y sus sucesores. |
| Marxismo | ¿Cómo estructuran la sociedad las condiciones materiales y las relaciones sociales? | Marx, Engels y diversas tradiciones críticas. |
| Utilitarismo | ¿Qué consecuencias contribuyen al bienestar de las personas afectadas? | Bentham, Mill, Sidgwick. |
| Pragmatismo | ¿Cómo adquieren sentido las ideas mediante la investigación y la acción? | Peirce, James, Dewey. |
| Fenomenología | ¿Cómo aparece el mundo ante nosotros en la experiencia vivida? | Husserl, Heidegger, Merleau-Ponty. |
| Existencialismo | ¿Cómo comprender la libertad, la responsabilidad y el sentido de la existencia? | Sartre, Beauvoir y diferentes filosofías de la existencia. |
| Filosofía analítica | ¿Cómo aclarar los conceptos y evaluar rigurosamente los argumentos? | Frege, Russell, Wittgenstein y numerosos sucesores. |
| Teoría crítica | ¿Cómo comprender y transformar los mecanismos de dominación? | Horkheimer, Adorno, Habermas. |
| Ética del cuidado | ¿Qué responsabilidades surgen de nuestras relaciones y nuestra vulnerabilidad? | Gilligan, Noddings, Held, Tronto. |
Algunos términos designan escuelas históricamente constituidas; otros, familias de doctrinas, métodos u orientaciones de investigación. Por tanto, no todos pertenecen al mismo nivel de clasificación.
¿Cómo reconocer una corriente filosófica sin reducirla a una etiqueta?
Ante la diversidad de escuelas de pensamiento, resulta tentador memorizar una definición para cada corriente.
El estoicismo sería el dominio de uno mismo.
El racionalismo sería la primacía de la razón.
El empirismo sería la confianza en la experiencia.
El existencialismo sería la libertad individual.
Estas fórmulas pueden servir como primeras referencias.
Pero se vuelven rápidamente engañosas cuando las consideramos descripciones completas.
Para comprender una corriente, debemos examinar varias dimensiones.
1. El problema al que intenta responder
Una tradición filosófica aparece generalmente en un contexto intelectual particular.
Algunas escuelas antiguas responden a preguntas sobre la vida feliz. Las filosofías modernas del conocimiento se desarrollan en un contexto de renovación de las ciencias.
La teoría crítica se construye especialmente frente a las contradicciones de las sociedades modernas.
Comprender este contexto permite evitar separar las doctrinas de los problemas que les dieron origen.
2. Los conceptos que transforma
Cada corriente desarrolla o reinterpreta determinadas nociones.
La virtud, la experiencia, la conciencia, la materia, la libertad o la verdad no poseen necesariamente el mismo significado de una tradición a otra.
Por tanto, resulta esencial comprender cómo se definen y relacionan los conceptos.
Un desacuerdo filosófico puede apoyarse en ocasiones en concepciones diferentes del problema, más que en dos respuestas directamente opuestas.
3. Los argumentos que utiliza
Una doctrina filosófica no se reduce a su afirmación principal.
También debemos examinar las razones que se presentan para defenderla.
¿Por qué los estoicos consideran la virtud un bien fundamental?
¿Qué argumentos propone Hume sobre la causalidad?
¿Cómo justifica Kant determinadas obligaciones morales?
Es en el estudio de los argumentos donde la filosofía revela su verdadera riqueza.
4. Las objeciones que encuentra
Una escuela no puede comprenderse únicamente a través de sus defensores.
Sus adversarios pueden revelar las dificultades de sus doctrinas y contribuir a su transformación.
El racionalismo y el empirismo se criticaron mutuamente.
Las grandes teorías morales continúan debatiendo sus criterios de juicio.
Las tradiciones feministas, críticas y decoloniales ponen de manifiesto problemas insuficientemente estudiados por determinadas filosofías anteriores.
Las objeciones no constituyen un simple obstáculo para comprender una corriente.
Forman parte de su historia.
5. Las transformaciones que experimenta
Las corrientes no son sistemas inmóviles.
El estoicismo antiguo difiere de determinadas apropiaciones contemporáneas del estoicismo.
Las interpretaciones modernas de Aristóteles no corresponden exactamente a sus doctrinas originales.
El pragmatismo de Peirce no es idéntico al de James o Dewey.
Y el existencialismo no puede entenderse como una teoría compartida sin reservas por todos los autores a quienes se asocia este término.
Comprender una escuela filosófica significa, por tanto, reconocer tanto aquello que garantiza su continuidad como lo que provoca sus transformaciones.
¿Qué escuela filosófica deberíamos seguir?
Esta pregunta puede parecer natural después de descubrir tantas doctrinas.
Si varias corrientes defienden posiciones incompatibles, ¿no deberíamos elegir aquella que posee los mejores argumentos y abandonar las demás?
Sin embargo, la filosofía no siempre funciona como un sistema de fidelidad a una escuela.
Podemos encontrar convincente un análisis estoico de nuestros juicios sin adoptar el conjunto de su física antigua.
Podemos reconocer el interés de las críticas empiristas del conocimiento y, al mismo tiempo, considerar indispensables determinadas demostraciones racionales.
También podemos conceder gran importancia a las consecuencias de una decisión moral y, sin embargo, juzgar que ciertos derechos no deberían sacrificarse.
No se trata de construir arbitrariamente una filosofía personal seleccionando las ideas que más nos convienen.
Ese enfoque correría el riesgo de ocultar las contradicciones entre doctrinas.
Se trata, más bien, de comprender los argumentos, reconocer sus límites y reflexionar sobre las condiciones en las que diferentes enfoques pueden complementarse u oponerse.
Algunos desacuerdos siguen siendo fundamentales.
Otros se refieren a problemas diferentes y pueden estudiarse simultáneamente.
Filosofar no significa necesariamente pertenecer a una escuela. Puede consistir en aprender a dialogar con varias tradiciones sin renunciar a la exigencia de coherencia.
Una historia de desacuerdos que hace avanzar el pensamiento
Las grandes corrientes filosóficas no forman un conjunto armonioso en el que todas las doctrinas conduzcan a una conclusión común.
El estoicismo y el epicureísmo no definen la felicidad de la misma manera.
Los racionalistas y los empiristas debaten sobre las fuentes del conocimiento.
Las diferentes formas de idealismo, materialismo y realismo interrogan las relaciones entre pensamiento y realidad.
El consecuencialismo, la deontología y la ética de las virtudes proponen criterios distintos para evaluar nuestras acciones.
La fenomenología, el pragmatismo y las tradiciones analíticas desarrollan diferentes maneras de examinar la experiencia y los problemas filosóficos.
Las teorías críticas, feministas y decoloniales contribuyen a cuestionar las instituciones, las categorías y las relaciones de poder que organizan la vida intelectual y social.
Estos desacuerdos pueden hacer que la filosofía parezca especialmente difícil.
¿Por qué tantos siglos de reflexión no han conducido a una doctrina definitiva sobre la verdad, la libertad o la justicia?
Porque estas preguntas no se presentan todas como problemas técnicos a los que un único método podría aportar una solución universalmente aceptada.
Implican diferentes concepciones de la realidad, el conocimiento, la vida humana y los valores.
La historia filosófica también está marcada por las transformaciones de las ciencias, las sociedades y las experiencias históricas.
Aparecen nuevas preguntas. Los conceptos antiguos cambian de significado. Las tradiciones marginadas durante mucho tiempo reciben una atención creciente. Algunas doctrinas son abandonadas, mientras que otras experimentan renovaciones inesperadas.
Por tanto, las corrientes filosóficas constituyen menos respuestas definitivas que tradiciones de investigación que permiten profundizar en los problemas humanos.
Su diversidad no impide la búsqueda de la verdad.
Nos recuerda que esta búsqueda supone la confrontación de argumentos, el reconocimiento de las dificultades y la posibilidad de cuestionar nuestras propias categorías.
Idea fundamental: las grandes corrientes filosóficas no son simplemente etiquetas que debemos memorizar. Son maneras de pensar que poseen sus propios conceptos, métodos, argumentos y controversias. Comprenderlas permite descubrir múltiples caminos para interrogar el mundo, sin confundir la diversidad de perspectivas con la idea de que todas las afirmaciones tienen el mismo valor.
La filosofía no avanza únicamente cuando una escuela sustituye a otra.
También avanza cuando diferentes tradiciones se encuentran, se critican y nos obligan a formular las preguntas con mayor precisión.
Y quizá ahí reside su mayor interés: enseñarnos que, antes de elegir una respuesta, debemos comprender las diferentes maneras de plantear el problema.
Fuentes y referencias
Escuelas antiguas y tradiciones históricas
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Stoicism — Presentación del estoicismo como sistema filosófico que articula lógica, física y ética.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Epicurus — Estudio de la filosofía epicúrea, su física y su concepción de la felicidad.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Ancient Skepticism — Presentación de las tradiciones escépticas antiguas y sus principales controversias.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Neoplatonism — Análisis de la tradición neoplatónica y de sus influencias.
Tradiciones filosóficas indias y chinas
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Epistemology in Classical Indian Philosophy — Presentación de las escuelas indias del conocimiento y del razonamiento.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Nāgārjuna — Estudio de los fundamentos del Madhyamaka y de la vacuidad.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Confucius — Presentación de los fundamentos de la tradición confuciana.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Mohism — Análisis de las doctrinas éticas y políticas de los moístas.
Filosofía moderna y grandes controversias
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Rationalism vs. Empiricism — Examen crítico de la oposición entre racionalismo y empirismo y de sus limitaciones históricas.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Idealism — Historia de las diferentes formas de idealismo.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Consequentialism — Presentación de las teorías consecuencialistas y sus debates.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Virtue Ethics — Estudio de los fundamentos y desarrollos contemporáneos de la ética de las virtudes.
Filosofías modernas y contemporáneas
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Pragmatism — Historia del pragmatismo y de sus diferentes concepciones del conocimiento y la acción.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Phenomenology — Presentación del método fenomenológico y de sus grandes transformaciones.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Existentialism — Estudio de las filosofías de la existencia y de la diversidad del movimiento existencialista.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Critical Theory (Frankfurt School) — Presentación de la teoría crítica y de sus diferentes generaciones.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Feminist Ethics — Estudio de las filosofías morales feministas y de los desarrollos de la ética del cuidado.
- Stanford Encyclopedia of Philosophy — Analysis — Historia de los métodos de análisis filosófico en diferentes tradiciones intelectuales.