El diálogo imaginario de Théophile y Philathèle en los Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano (1765) es el sustituto de un diálogo que nunca tuvo lugar: el de Leibniz con Locke. En esta obra publicada póstumamente, el filósofo de la mónada hace oír las voces alternas del empirismo y el racionalismo. La cuestión fundamental que se plantea Locke es la de los poderes del conocimiento: la sabiduría del hombre es no buscar conocerse a sí mismo como Dios lo conoce, y atenerse a lo que le es dado, en el modo único de observación. Leibniz, por su parte, cree en un conocimiento del alma extraído de fuentes distintas a la experiencia. Según él, las ideas de Locke son fruto de la mutilación inútil que la mente se inflige a sí misma cuando convierte lo que parece en norma de lo que es. Reintegrar este conocimiento mutilado en el conocimiento total, restaurar las propiedades cuyas raíces inteligibles descubre la observación: tal es la ambición de Leibniz en esta obra capital sobre la cuestión del conocimiento humano.