A comienzos del siglo I, Roma continúa su expansión por Germania. Ermanamer, hijo de un jefe querusco, es enviado como rehén a Roma, donde recibe el nombre de Arminius y crece junto a Marcus, hijo del legionario Titus Valerius Falco. Al principio rivales, los dos muchachos crean un profundo vínculo antes de que sus orígenes y deberes los sitúen progresivamente en bandos opuestos. Mientras Arminius regresa con su pueblo y empieza a cuestionar la dominación romana, Marcus permanece fiel al Imperio en el que creció. Entre campañas militares, ambiciones políticas, pasiones y traiciones, su amistad queda sometida a una dura prueba en un conflicto donde cada uno deberá elegir entre sus convicciones, su familia y su lealtad.