Es mediodía. Discípulo consigue dolorosamente emerger de su cama, siempre tan motivado para dar una mano a su genio del maestro. También cuando oye la voz de éste gruñir a través de la casa, Disciple a la idea de un subterfugio que puede permitirle escapar por una vez al duro trabajo que le prepara Leonardo. También, cuando abre excedido la puerta de la habitación de Disciplo, éste se encuentra frente a un bien extraño, que no es otro que Disciple disfrazado tan bien como mal enviado de un lejano planeta.