2877646467 · 1997-10-01
La característica del mundo de Troya es otorgar a cada ser un poder mágico, sea cual sea, grande o pequeño, a veces algo incongruente. En una operación cercana al juego de rol, los personajes se mueven según este poder y avanzan en la acción con un sentido psicológico muy exitoso. Lanfeust la virgen está flanqueada por dos deliciosas criaturas. Una cura las heridas al anochecer, es su novia; la otra convierte todo lo que quiere en hielo, si quiere. Ella relaja especialmente a Lanfeust con su temperamento ardiente. Entre los dos, los ingenuos cambios y el final del ciclo lo verán acceder a la búsqueda suprema, si no definitiva: el descubrimiento del amor.
Mientras tanto, el lector habrá descubierto a Hébus, un troll ruidoso y simplemente fuerte que transforma un ejército en muslos de aves de corral, puntuando con maldiciones de Bruselas una matanza perpetrada con alegría carnívora; Thanos, el malvado doble del propio Lanfeust capaz de acceder al poder absoluto y capaz, porque tal es su poder, de ir a voluntad de un punto a otro del universo conocido; el valiente caballero de Or-Azur cuya buena sangre no reside; el maestro Nicolède finalmente, un sabio de buen carácter, por cierto padre de los dos pretendientes del héroe principal...
Por último, con sus personajes familiares muy bien definidos, está Astérix en esta saga heroico-fantasiosa única y divertida. No es imposible que, dado el giro que está tomando la serie, Lanfeust ocupe el lugar de la Galia entre las generaciones del mañana.