Hipólito sigue siendo víctima de esta mancha que se extiende poco a poco sobre su cuerpo. El desafortunado no consigue hacerse a la idea de que su dulce Moïra posee esta doble naturaleza que, sin embargo, la hace tan preciosa. En el pueblo, los caballos persisten en sembrar el caos pero no es nada frente a la prueba a la que se enfrentan Maud y Guilhem: vigilar al bebé de Moïra e Hipólito!