Gracias a sus conocimientos, Mao Mao pudo proteger la reputación de Lishu, convencida de que el fantasma de su madre la acosaba, y así evitar la humillación de la niña... Ahora una misión de la mayor importancia espera al apoticario: en el patio interior, se susurra que varias concubinas estarían embarazadas... ¡Es el caso de Gyokuyo, que va a tener que ayudar a dar a luz! En efecto, la operación se presenta bastante mal. Para permitir el nacimiento del niño en las mejores condiciones, Mao Mao recurre a su padre adoptivo, Luomen, que vuelve entonces a la corte después de haber sido desterrado...