Tras la eliminación de Japón en la Copa del Mundo, la federación de fútbol pone en marcha el proyecto Blue Lock con el objetivo de formar al delantero capaz de llevar algún día a la selección nacional hasta lo más alto. Yoichi Isagi, un joven jugador que todavía duda de su verdadero potencial, forma parte de los cientos de adolescentes seleccionados para entrar en este centro de entrenamiento extremo. En un entorno donde cada uno debe demostrar que puede convertirse en el mejor goleador, Isagi se enfrenta a rivales cada vez más talentosos y aprende a desarrollar su instinto, su visión de juego y su ambición. La competición transforma poco a poco tanto su forma de jugar como su manera de entender el fútbol.