Preferir la narración a la exhibición escénica de los grandes asesinatos y de los grandes prodigios, creen que es huir de la dificultad: es buscarla, por el contrario, ya que es rechazar la ayuda del físico y del sensible, del director en escena y del maquilista, de las luces, de los colores, de la agitación, del latiguista y del espectador mismo. Los románticos se enorgullecen de este teatro sin imágenes. El autor asume toda la carga del drama.