Baruch Spinoza, de la comunidad judía a los 23 años por herejía, decide dedicar su vida a la filosofía. ¿Su objetivo? Descubrir un bien verdadero que le proporcionaría para la eternidad el gozo de una alegría suprema e incansable. ¡En los veinte años que le quedan por vivir, Spinoza construye una obra revolucionaria. ¿Cómo pudo este hombre, en pleno siglo XVII, ser el precursor de las Luces y de nuestras democracias modernas? ¿El pionero de una lectura histórica y crítica de la Biblia? ¿El fundador de la psicología de las profundidades? ¿La autora de la filología, de la sociología, y de la legetología? Y, sobre todo, el inventor de una filosofía basada en el deseo y la alegría, que trastorna nuestra concepción de Dios, de la moral y de la felicidad? En muchos aspectos, Spinoza no sólo está muy por delante de su tiempo, sino también del nuestro.