El extraordinario interés que nuestro tiempo tiene por la Política de Aristóteles no es sólo un efecto de la reverencia debida a los grandes libros, sino una señal de perspicacia. Porque detrás de un texto que fija como horizonte una realidad moribunda en la época de Aristóteles –la ciudad– el lector de hoy no puede dejar de detectar el fundamento y, por tanto, el fundamento de la manera en que pensamos las relaciones entre los hombres y, más en general, el mundo de las “cosas humanas”. La estructura y la historia de las sociedades pero también el sonido y la furia de las pasiones de los hombres, sus artimañas y sus virtudes, e incluso la sombra de los dioses en la tierra, todo está en este texto inagotable que venimos comentando, a veces sin saberlo, desde hace veinticuatro siglos.