En 2002, en Pittsburgh, el doctor Bennet Omalu, médico forense de origen nigeriano, realiza la autopsia de Mike Webster, un antiguo jugador profesional de fútbol americano. Sus investigaciones revelan graves lesiones cerebrales relacionadas con los traumatismos repetidos sufridos a lo largo de su carrera. Al identificar un caso de encefalopatía traumática crónica en un jugador de la NFL, Omalu abre un debate sobre las consecuencias neurológicas de este deporte. Decidido a dar a conocer sus descubrimientos, se enfrenta a la resistencia de la poderosa liga profesional de fútbol americano y emprende una lucha para que se reconozcan los riesgos a los que están expuestos los jugadores.