La galaxia se recupera con dificultad del trauma causado por la aparición, hace diez años, de los coleccionistas, de los robots del tamaño de un planeta que prefiguraron la revuelta de las máquinas contra los hombres. Es en este universo en plena reconstrucción, que desde entonces ha aprendido a odiar el género mecánico, que se despierta Tim-21. Sin saberlo, el pequeño droide esconde en sus circuitos impresos la herencia y las verdaderas intenciones de los coleccionistas. Un secreto del que todos los gobiernos de la galaxia soñarían con apoderarse.