Artemus ya no puede negar los hechos: es él quien ha modificado la realidad gracias a su diario y a las piedras divinas. Sin embargo, se niega a devolver su verdadero rostro a Alysia mientras que los Neantes vuelven a proliferar en el mundo. La hora es grave y el peligro tan importante que los grandes soberanos de Alysia se han reunido en Oroban para debatir la mejor acción que hay que emprender.