Sin la ayuda de la Arpentosa Mara, Elaína nunca habría podido llegar al final de su búsqueda. Después de haber atravesado el Mar de las Águilas y la Tierra de las Mutas, por fin cumplió la misión que su padre Primus se había fijado: llegar a la ciudad que alberga los vestigios de los conocimientos antiguos, la ciudad del Rey Taón. Este no se ha limitado a proteger los escritos de antes del encenamiento. Si domina la cultura del engrain, también ha desarrollado la cría. Cada isla de la laguna alberga ahora rebaños de auroches y de largos corredores, rebaños que, así encerrados, ya no están disponibles para los otros clanes, lo que pone en peligro su propio nomadismo... Permite a los suyos ser sedentarios y no arriesgar más su vida en las migraciones, pero también impide el nomadismo de los otros. Este rey Taon comparte ahora la folía y la lógica de Primus: el fin justifica los medios. Y esta desmedición corre el riesgo de provocar a la nueva Vescuelas el riesgo de provocar a la nueva Vescidad y de cumplir el camino hacia el camino hacia el camino hacia la nueva Vesc.