En los últimos años, China se ha convertido en propietaria de más de billón de dólares de la deuda estadounidense. Los gobiernos chino y estadounidense se han lanzado a un peligroso baile de la muerte. El ritmo se ha vuelto tan sostenido que han llegado a una inevitable ruptura. Ahora es la guerra. Por un lado, los inversores más ricos de China, por otro, un consorcio de supremacistas blancos que parecen dictar las tendencias de las finanzas americanas. En el medio: Larry Max, ahora perseguido por el I.R.$ y el FBI pero más decidido que nunca a seguir el rastro del dinero sucio hasta en las esferas más altas de la sociedad.