Después de derrotar a los gigantes y provocar un tsunami que mató a miles de personas, Alyana no es más que la sombra de sí misma. Su corazón ya no late. En cuanto a sus inmensos poderes, desaparecen. Sólo desea vivir en paz con los suyos. Pero pocos son los elfos blancos dispuestos a aceptarlo, algunos incluso quieren aprovechar su debilidad para acabar con ella.