La ciudad de Eysine está sitiada por mercenarios Orcos. La situación es desesperada. La hija del rey decide, contra la opinión de todos, ir a pedir la ayuda de los Elfos Sylvanos. Mientras que, perseguido por los Orcos, se hunde cada vez más profundamente en el bosque, encuentra refugio en una ciudadela en ruinas, un santuario celosamente preservado por los Elfos. El antiguo poder que acecha los lugares reconocerá a la joven como la última descendiente de los druidas. Lo que podría haber salvado a su pueblo será para ella la más terrible de las maldiciones.